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    Capítulo 22

    29/10/2026

    A lo largo de mi vida me he encontrado con situaciones, o mejor dicho con personas, de las que era mejor huir que enfrentar. De niño aprendí con mi padre, que era mejor no cruzarse en su camino cuando tenía una cerveza en la mano. En el ejército era mejor pasar desapercibido, que enfrentarte a un enemigo con un arma en las manos. De ambos hui porque mi vida estaba en riesgo si no escuchaba a mis instintos. Pero de ella no huiría, aunque viniese directa hacia mí como la locomotora de un tren de mercancías bajando una pendiente. Clavé mis pies en el suelo con firmeza y apreté el culo, listo para recibir el golpe.

    —No te debo nada —espetó con dureza.

    —No lo haces. —Mi respuesta no la calmó, aunque sí que parecía haberla descolocado un poco.

    —No te pedí que lo hicieras. —Ahora entendía el motivo de su enfado.

    —No lo hiciste.

    —Entonces, ¿por qué? —No estaba realmente enfada conmigo, lo sabía.

    —Solo escuché que necesitaban a alguien y pensé que podía interesarte. Habría hecho lo mismo por cualquier amigo. —Esa última frase apagó su réplica antes de que la verbalizase, así que tuvo que buscar otra cosa que decir.

    —Yo no necesitaba que tú… —soltó un suspiro derrotado.

    —No, no lo necesitabas. Sé que eres una mujer que puede valérselas por sí misma. Pero tampoco eres de las que desaprovecha una oportunidad, venga de donde venga.

    —Me va bien sirviendo copas. —Ese era su último intento de justificación.

    —Puede que cobres menos trabajando como enfermera, que los turnos sean peores, y que el trato con los clientes sea duro, pero al menos no tendrás que preocuparte por basar tu dieta en pepinillos. —Un conato de risa escapo de su garganta. Esa era mi señal de que había ganado esta batalla.

    —Idiota. —No sonó a insulto, porque estaba sonriendo.

    —Los idiotas no sobreviven mucho en el ejército. Mírame, yo aguanté diez años. —Extendí los brazos a los lados, para que apreciase que todas partes de mi cuerpo seguían en su sitio. Vale, algunas tenían cicatrices, pero eso no eran más que recordatorios de que no siempre se sale indemne de un conflicto armado.

    —Ya sé que no eres ese tipo de idiota—puso los ojos en blanco—. Sino de los que no saben alejarse cuando se lo dicen.

    —Ah, bueno. Sí, puede que sea de ese tipo de idiotas —sonreí mientras me encogía de hombros. Ella suspiró.

    —Te dije que te alejaras de mí.

    —Y lo hice. Respeté tus deseos y no me acerqué —le recordé.

    —Pero has mediado para que me ofrezcan un trabajo de enfermera en la Clínica Meyers.

    —Bueno, yo solo le hice la sugerencia a mi jefe. Él ha sido el que te ha conseguido el trabajo. ¿Vas a aceptarlo? —Ella suspiró de nuevo.

    —Sería una tontería no hacerlo. Y puedo ser una cabezota, pero no soy tonta. Esa oportunidad puede mejorar mi vida.

    —De nada. —Becca sonrió ante mi arrogancia.

    —Sí, tienes razón. Gracias —asentí conforme.

    —Entonces, ¿tenemos una tregua?

    —Esto no quiere decir que tú y yo… —Señaló el espacio entre ambos, dejando claro que esto no era una vuelta a nuestra relación.

    —Solo amigos. —Extendí la mano para que ella aceptase el trato.

    —Amigos. —Ella sonrió, aunque no tanto como lo estaba haciendo yo interiormente. Ella podía seguir bloqueando lo nuestro, pero no era porque no sintiese la atracción, si no que tenía miedo a algo. Mi misión: descubrirlo y sacarlo de la ecuación.

    —Voy a volver al trabajo. No quiero causar mala impresión mi último día. No vaya a ser que necesite volver. —Becca intentó que pareciese una broma, pero algo en su triste sonrisa me decía que no era una posibilidad que descartase.

    ¿Qué demonios podía hacer que perdiese su nuevo trabajo? No parecía de ese tipo de gente que se boicotearía a sí misma. Era inteligente, audaz, y no tenía miedo. Fuera lo que fuese, estaba convencido de que ella no sería quién lo provocaría.

    Cuando el club cerró, no quise presionarla imponiéndole mi compañía. Maxim la acompañó hasta su domicilio, como había sido su costumbre. De igual manera, yo hice mi seguimiento. Esta vez, encontré el coche antes de que se escapara. Enfoqué con mi cámara y conseguí un buen primer plano del conductor. No fue hasta que revisé la fotografía, que me di cuenta de que había otra persona en el asiento del acompañante, un hombre que no apartaba los ojos de Becca. No tenía más que un perfil, pero acabaría averiguando de quién se trataba.

    De momento podía ir desarrollando algunos hechos: era muy difícil que el tipo no supiese conducir, así que el hecho de que alguien lo llevase implicaba que el conductor le debía algún tipo de lealtad, o eran amigos, o trabajaba para él, o vete tú a saber qué relación tenían. El coche era el mismo de la otra vez, así que el conductor sabía perfectamente a quién vigilaba. Quizás, si lo pillaba solo, podría sonsacarle. Es más fácil intimidar a un tipo que a dos. Y por último, el acoso que mantenían sobre Becca era muy estrecho. Sabían dónde vivía, sabían que alguien la acompañaba cuando regresaba a casa. ¿Estarían esperando a que estuviese sola para dar el paso? ¿Ya lo habían hecho? ¿qué era lo que querían de ella? Si quería respuestas debía ir a por ellas.

    Y, por último, mis pensamientos, cuando estaba de camino a mi apartamento, estaban centrados en Nick. ¿Es que ese tipo no dormía? ¿Cuándo había hablado con Becca? ¿Cómo narices sabía que ella…? Claro, él siempre estaba un paso por delante de todo, por algo era el jefe. No sabía si sentir miedo o agradecerle, quizás ambas cosas.

    Esto último me hizo pensar en que si Nick estuviese en mi lugar, no tendría problema en conseguir la información que yo no sabía. ¿Y si le pedía ayuda? No sé si podía considerarlo mi amigo. Antes de saber su apellido podría haber pensado que sí, pero ahora… En fin, primero intentaría hacerlo por mi cuenta, y si eso fallaba, siempre podría intentar pedirle esa ayuda que necesitaba. Si había aceptado mi sugerencia para contratar a Becca como enfermera, quizás me echaría un cable con mi investigación.

    El sonido de llegada de un mensaje me sacó de mis pensamientos. Era de la empresa, me habían asignado un nuevo lugar de trabajo; The Crystal’s. No me sorprendía que un centro comercial tuviese seguridad, pero sí que lo cubriese V-Security. ¿La mafia tendría algún sucio trapicheo también allí? Bueno, no es que hubiese visto algún oscuro secreto, solo una manera un tanto particular de hacer las cosas. Reprobable, lo que se dice malo, no había visto algo que me alarmase hasta el extremo de inquietarme.

    ¿Justificarlos? Bueno, de momento me habían mostrado un lado que no me disgustaba. ¿Y si me estaban probando? ¿Y si querían ver hasta dónde podían confiar en mí? Supongo que eso lo iríamos viendo. De momento mantendría los ojos alerta y mis opciones abiertas.

    • Capítulo 21

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