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    Nueva pupila

    Capítulo 3

    17/12/2025

    —Todavía hay más. —Su cabeza se alejó de la pantalla, como si le hubiese dado un golpe directo en la nariz.

    —¿Más? —Como decía la amona Nekane; “no hay dos sin tres”. Y por si se lo preguntan, amona significa abuela en vasco. Lo sé, tengo mi propio Naciones Unidas en la familia. Pero como dice mamá, cuantos más ingredientes, más rico sale el guiso.

    —A Ray nunca le gusté realmente, solo… solo era un seguro. —Mi voz casi se quebró al decir aquella última palabra. Dolía asimilar que lo que teníamos, o lo que creí que teníamos, no era más que una farsa, al menos por su parte.

    —¡¿Cómo que un seguro?! —preguntó indignada. No podía sostener la mirada de Yumi, me sentía avergonzada, hundida. Pero ella necesitaba saberlo, así que solté el aire y se lo dije.

    —Él solo salía conmigo para garantizarse el acceso a mis apuntes, y que le ayudase con las materias más pesadas. —Sentí una dolorosa punzada en el corazón al decir aquellas palabras.

    —Pero te le asignaron para las tutorías, ya tenía todo eso. —Yo pensé lo mismo que ella.

    —Pero no es lo mismo. Un tutor te ayuda cuando vas mal, pero se retira cuando consigues remontar la materia. Ray… Él quería asegurarse de que estaba con él para conseguir buenas notas durante todo el curso. —Y por eso se convirtió en mi novio, porque así no me alejaría de él, y así estuvimos durante año y medio, hasta hoy. Ya se podía ir buscando la vida, porque mis apuntes, y mis sesiones de estudio, no las iba a volver ni a oler.

    —Ese desgraciado… Ojalá pudiese traerte aquí, así estarías lejos de él y sus maquinaciones retorcidas.

    —¿Me estás invitando a ir a tu casa? —bromeé. Su padre era muy estricto con las visitas.

    —Ojalá la situación fuese otra.

    —Cuando encuentres trabajo podrás tener tu propia casa. —Era algo que habíamos hablado, ella quería ser independiente, encontrar un trabajo que la llenase y le permitiese vivir. Su padre tenía otros planes para ella, y creo que pasaban por encontrarle un buen marido.

    —No me refiero a eso.

    —¿No? —pregunté intrigada.

    —En Japón hace unos días que han cerrado las escuelas. El COVID no es una broma. —No le había prestado demasiada atención, estaba tan centrada en mis estudios, que apenas veía las noticias. Pero había percibido el nerviosismo en el campus. Culpa mía, debí prestar más a tención.

    —Supongo que las restricciones acabarán llegando también aquí.

    —No es broma, Didi, la gente está muriendo a docenas. Y con lo promiscua que es Diana, yo no me arriesgaría ni a darle la hora en un parque al aire libre. Si el COVID se contagia por el aire, ¿qué no habrá pillado dándose el lote con toda esa gente? —Eso sí que era un problema real, algo que podía matarme, y no un corazón roto.

    —Por fortuna tú vives en una torre de cristal. Estás a salvo. —Ella asintió.

    —En serio, Didi. Cuídate.

    —Lo haré. —le aseguré.

    —Quizás con un poco de suerte, el COVID nos hace el trabajo y se lleva por delante a esos dos despojos de la humanidad. —Solté una carcajada al oírle decir eso.

    —No hay que ser tan mala. —Podía creer en la justicia divina, pero de ahí a desear que alguien muera…

    —Piénsalo bien, Didi, el mundo estaría mejor sin gente como ellos. —Estaba de acuerdo con ella, pero no lo diría en voz alta, porque todos tenemos derecho a equivocarnos, y podemos cambiar. Aunque Ray y Diana no parecían de ese tipo de personas que tuviesen lo necesario para hacerlo, es decir, conciencia.

    —La muerte no, pero sí que les desearía una enfermedad venérea como una gonorrea o algo parecido. —concedí.

    —Eso se cura. No, se merecen algo que compense todo el sufrimiento que provocan, algo que les ponga en su sitio. ¿Cómo era eso que decías? ¡Ah!, ojo por ojo, y diente por diente.

    —El código de Hammurabi.

    —Pues eso. Si Ray ha hecho todo esto para conseguir buenas notas, debería suspender. —Si dejaba de ayudarle, sus notas se resentirían mucho, pero no creo que llegase a suspender, le había enseñado demasiado bien como debían hacerse las cosas.

    —Ojalá el karma te oiga.

    —Al karma a veces hay que echarle una mano.

    —Si te refieres a que le dé la patada y se busque otra ayudante, es algo que ya había decidido.

    —Bien, por algo se empieza. —Esta chica tenía una vena guerrera y justiciera. Me parece a mí que tantos malos con katanas la habían convertido en una adicta a la venganza.

    —¿Sabes? Me ha venido bien hablar contigo. —Ya no sentía tanto dolor, sino un escozor que era más asumible.

    —Para eso están las amigas.

    —Ojalá lo seamos siempre. —deseé en voz alta.

    —Mientras exista internet, nada podrá cambiar eso. Y esta amiga, está pensando que no es mala idea hacerle una pequeña jugarreta a tu compañera de habitación. —Ya apareció la mafiosa vengativa.

    —¿En qué estás pensando? —Siempre fui una buena chica, pero llega un momento, en que al angelito bueno que está sobre tu hombro dejas de hacerle caso, y solo quieres escuchar lo que te dice el pequeño demonio que te susurra en el otro oído. En mi caso, mi pequeño demonio estaba al otro lado de la pantalla de mi ordenador.

    —No es muy higiénico, pero el resultado merece la pena.

    —Habla. —Me estaba torturando.

    —Es sábado noche, Diana llegará tarde, y se despertará más tarde aún, ¿verdad?

    —Y más si ha ido de fiesta a una fraternidad. —Sexo y alcohol, esa chica lo quería todo.

    —Pues bien, por la mañana, cuando te levantes a mear, lo haces en un vaso, y mientras el pis está caliente, le abres las sábanas y se lo echas justo entre las piernas. —¡Madre mía!

    —¿Para fingir que se ha meado? —interpreté enseguida.

    —Si está calentito no se da ni cuenta. Te da tiempo a volver a la cama y esperar, porque en cuanto se enfríe…

    —Notará que tiene algo mojado ahí abajo.

    —Si fuese agua sospecharía enseguida, lo sé porque me pillaron así la primera vez. Pero como ves, he perfeccionado mi técnica con el tiempo. —¡Pero qué traviesa!

    —Pondré en práctica tu sabio consejo, Yumi-sensei. —Junté mis manos para hacer una reverencia formal. Ella lo merecía.

    —Estoy segura de que serás una gran discípula, Didi-san.

    Las dos rompimos a reír una vez finalizadas nuestras reverencias. Había acertado al llamar a Yumi, ella siempre conseguía borrar la tristeza de mi corazón, daba igual que fuese por estar lejos de mi familia, por sentirme un bicho raro en aquella universidad, o por haber sido traicionada por la persona a quien quería.

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    3 Comments
    • Capítulo 2

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    3 Comments

  • Reply Capítulo 2 – Iris Boo 18/12/2025 at 16:33

    […] Seguir leyendo […]

  • Reply Lili 18/12/2025 at 18:18

    madre mía esa idea de venganza jaja

  • Reply Ana 18/12/2025 at 20:19

    Esa venganza es al.go o. Inpensado pero valdría la pena hacerlo en 😁😂

  • Responder a Ana Cancel Reply

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