Estaba de camino a mi entrevista de trabajo, cuando recibí una llamada de alguien que no esperaba. No es que no me hiciese ilusión, pero se suponía que Yumi estaba en Japón, y allí en ese momento todavía no eran las 6 de la mañana. Yumi no era de madrugar, así que una llamada suya a esas horas era preocupante.
—Hola, Yumi. —saludé.
—Se supone que somos amigas, ¿verdad? —Aquella pregunta me desconcertó.
—De hecho, eres mi mejor amiga. ¿A qué viene esa pregunta? —quise saber.
—Entonces, ¿por qué me he tenido que enterar por Instagram que estás saliendo con un jugador de hockey? —Como decía mi padre, me había dejado a cuadros.
—¿De qué hablas?
—Sabes que te quiero, pero me ofende que una tal Susan te etiquete en una foto de su hermano en la que estáis juntos. Se suponía que yo debía saber esas cosas antes de que lleguen los avisos. —Pero ¿qué…?
—Espera, espera. ¿Dónde has visto eso?
—Te mando el enlace. —Abrí el link que Yumi me envió y lo vi, Jonas y yo caminando por la calle el día anterior comiéndonos un helado.
El chico al final se quedó conmigo toda la tarde hasta que terminé mi trabajo, y me sugirió tomarnos un helado. Me sorprendió que se saltase su cuidada dieta para comer algo tan calórico, pero dijo que se lo había ganado después de sufrir un duro placaje en la pista. ¿Había resultado una encerrona?
—Solo es un amigo, Yumi. —Si le decía que era un cliente, ella no se lo creería.
—¿Y cuándo has conocido a un tipo así de sexy? Se suponía que tienes la nariz metida entre contratos todo el rato. —Ese había sido mi mantra cada vez que nos comunicábamos. Estaba tan ocupada con el trabajo que apenas tenía tiempo para mí.
—Estuve en la negociación de su fichaje por el club donde trabajo. —no necesitaba saber toda la maniobra que hice en ese entonces.
—¿Y sales a tomar helados con tus clientes? —En su voz ya no había tanto reproche.
—Ayudé a su hermana con los trámites de Yale, a fin de cuentas, yo estudié allí. Y se llama Susan, así que supongo que ahí tienes a tu casamentera. —Seguro que alguien reconoció a su hermano y lo sacó una foto. Ella seguro que vio la foto y como me conocía, me etiquetaría a mí. Y ¡boom!, ahí tenía la alarma de Yumi porque habían etiquetado a su amiga.
—Así que no tienes nada romántico con él. —Era una aseveración con toques de pregunta.
—¡Claro que no! —le aseguré.
—Bien, porque sabes lo que opino de las amigas que conocen a deportistas sexis y no se los presentan a sus mejores amigas.
—Así que te gusta. —Jugué con ella.
—¿A quién no le gustaría? Está cañón. He investigado sobre él, ¿sabes? Y parece un buen partido. —Otra haciendo de casamentera.
—En este momento no tengo tiempo para esas cosas. —le aclaré.
—¿Cómo te va todo?
—Pues precisamente estoy de camino a una entrevista de trabajo, es posible que cambie de empleo.
—Cuenta, cuenta. —Ella sí que sabía oler una noticia.
—Parece ser que los Hartford Yard Goats escucharon sobre mi implicación en la contratación de Jonas, y quieren que trabaje para ellos con los fichajes de septiembre.
—Primero los Whale, ahora los Goats. Apenas llevas unos meses trabajando ahí, y ya se disputan tus servicios. ¿Eso no te dice nada? —¿Dónde quería llegar?
—¿Qué quieres decir? —Escuché su bufido al otro lado de la línea.
—Qué eres buena, y que no tendrías que dejar que te atrape ninguno de esos equipos. Tendrías que trabajar por tu cuenta. —Aquella idea era interesante, pero era apenas una novata que había tenido un golpe de suerte. Una novata muy inteligente que supo ver su oportunidad.
—Acabo de terminar mi último máster hace apenas unos meses, soy una recién llegada como se dice. No tengo una trayectoria que anime a la gente a contratarme si no hay un fuerte equipo legal detrás. —le recordé, ganándome otro bufido.
—Espabila, Didi. Con ese chico detrás de tus huesitos, ¿crees que no te presentará a sus amigos? Y si necesitas visibilidad en las redes sociales, ya sabes que soy tu chica. En unas semanas puedes estar en boca de todo el mundo, y eso lo puedes convertir en clientes. —Aquella idea no era descabellada. Como decía papá, el mundo es de los valientes.
—¿Crees que podrás? —me quise asegurar. Otro bufido, este mucho menos femenino que los anteriores.
—¿Quién supones que ha lanzado a los doragomis al estrellato? —No tenía idea de qué era eso, pero si ella lo decía, sería cierto. Sonaba a japonés, y yo no controlaba ese mercado. Yumi no mentiría, iba en contra de sus principios.
—Está bien. Si quieres podemos hablarlo esta noche. —La idea me emocionaba, pero podría alejarme de mi objetivo principal, a menos… ¿Y si me presentaba como asesora externa? Así podría trabajar para cualquier equipo sin necesidad de encadenarme a ninguno en especial. Si me hacía con un nombre, los Giants se pensarían seriamente el contratarme en casos especiales, justo los que Ray se moriría por intervenir. Las primas económicas son el auténtico incentivo de un abogado.
—Tendríamos que hacer algo más que eso. Ahora estoy en el aeropuerto de Los Ángeles, en cuanto llegue a New York te llamo y quedamos para cenar. —¿Estaba en Estados Unidos?
—Creí que estabas en Japón.
—Al final convencí a mi padre para regresar a New York. —Esa era una lucha que mantenía con él. En cuanto tuvo la oportunidad de enviarla a Japón, la envió para allí a toda velocidad. Según él, los americanos no eran serios con las medidas de protección contra el covid. Su regreso al país solo podía significar dos cosas; o creía que con las vacunas su hija ya estaba protegida, o estaba harto de escucharla quejarse. Seguramente serían ambas cosas.
—¡Eso es estupendo! Pero me temo que lo de la cena es un poco más complicado. Aunque estés en el país, yo vivo a 150 km de New York. Mañana es día laborable, y no puedo ponerme a viajar en coche durante más de dos horas después de cenar contigo.
—¿Acaso no tienes un hueco para que su amiga del alma duerma esta noche? Te prometo que casi no ocupo espacio en la cama, solo tienes que dejarme un trocito chiquitín de colchón.
—¿Vendrías a mi apartamento? —Sí, había alquilado uno cerca de Hartford. No era plan estar yendo y viniendo a New Haven todos los días para trabajar.
—Me quedaría a vivir, si es que no te importa. —Aquello me sorprendió.
—¿Y tu padre? —No me lo imaginaba dejando que su hija viviese en otro lugar que no fuese la embajada.
—Tendrá que aceptar que su hija mayor de edad ha decidido volar sola. —Uy, ahí había mucho tema que descubrir. Me parecía que esa noche iba a ser muy reveladora para ambas, porque era mi amiga, y necesitaba saber de qué iba mi plan. ¿Hablarle del club? Eso no, pero sí podía hacerle partícipe de mis objetivos. Con un poco de suerte, además de amiga, tendría una socia en esta loca aventura.