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    Capítulo 17

    24/09/2026

    Mi maldito sueño ligero me alertó del movimiento de Becca mientras ella salía de la cama. No debería haber tenido más importancia, seguramente fue a hacer pis, pensé. Pero cuando ella no regresó pronto a la cama me preocupé. No la llamé, solo me deslicé con sigilo por el apartamento hasta que la encontré. Estaba allí quieta, observando a través de la ventana, aunque parecía no estar viendo nada. Su mirada estaba perdida en el infinito. Estaba preocupada por algo, estaba seguro. Su cabeza se sacudió en una especie de negación, al tiempo que soltaba un largo suspiro, antes de apartarse.

    —¿Estás bien? —Era una tontería esconderse, así que permanecía en mitad de su camino, esperando una respuesta.

    —Sí, —apartó la mirada de mí, lo que me dijo que mentía—solo estaba pensando que se me hace tarde —pasó por mi lado para ir directa a la habitación.

    —¿Tarde? —repetí al girarme para seguirla. ¡Apenas estaba amaneciendo!

    —Tengo muchas cosas que hacer —tomó su ropa para empezar a vestirse. Algo no andaba bien, era evidente. Pero no podía obligarla a contármelo. Cada cual es libre de tener sus secretos y de compartirlos si así lo desea. Yo no quería compartir los míos, así que respetaba el que ella guardase los suyos. Eso no quería decir que ese secreto estuviese originando un extraño picor en mi piel.

    —Te acompañaré a tu casa. —Mi propuesta detuvo temporalmente sus movimientos.

    —Puedo ir sola.

    —No he dicho que no puedas, solo que no tienes porqué hacerlo. A menos que no quieras que vaya. —Le ofrecí la opción de rechazarme, porque le daría ese espacio que parecía estar buscando. Otra cosa es que a mí no me gustase el que me apartara de un empujón. Soy un cabezota, necesito una razón para todo, y para alejarme de ella necesitaba una buena, demasiado buena.

    —Si tuvieses coche podrías acercarme, pero no lo tienes—sonrió de forma triste—. Es una tontería que gastes tu dinero en un viaje de vuelta cuando puedes evitarlo. —No quería que gastase mi dinero en ella, o por ella, que para el caso es lo mismo. Pensé en algo que podría justificar ese viaje.

    —Yo también tengo que usar un taxi esta mañana. Tengo que ir a trabajar. —Su ceño se frunció.

    —¿Tienes turno de mañana? No me dijiste nada.

    —No surgió en la conversación —me defendí para quitarle importancia, aunque lo que se dice turno de mañana no tenía realmente.

    —¿Y te pilla de camino a mi casa? Porque si no, es tontería ir dando vueltas de un extremo a otro de la ciudad. —Para mí no era una tontería el acompañarla.

    —¿No querías verme en uniforme? —Abrí el armario para sacar la ropa que tenía perfectamente colgada en su percha— Pues esta es tu oportunidad. —Alcé las cejas de forma pícara mientras pegaba la percha a mi cuerpo, para que se hiciera una idea de como podía quedar el resultado. Sus dientes martirizaron el labio inferior de esa manera que enviaba un latigazo directo a mis pelotas.

    —Utilizando la artillería pesada, ¿eh? —me acusó. Sacudió la cabeza, para después terminar de vestirse.

    No podía perder el tiempo o se me escaparía, así que empecé a vestirme yo también. ¿He dicho que puedo vestirme en 2 minutos? Pantalones lisos, camisa de manga corta con botones, y botas con refuerzo en la puntera. Si no me ponía el cinturón con las esposas y la porra extensible, podría ser cualquier cosa, incluso un limpia cristales.

    —Solo hay una cosa más sexi que un hombre que se pone el uniforme. —Becca se acercó hacia mí con pasos felinos, hasta posar sus manos sobre mi pecho.

    —¿Qué? —pregunté curioso.

    —Un hombre sexi al que se lo quitas. —Directa, su mano apretó sensiblemente mi paquete, enviando una llamada de alarma a todo mi sistema. Chicos, era hora de entrar en batalla.

    ¿Listo? Nací preparado para esto. Por acto reflejo mis manos se deslizaron a su trasero, atrayéndola hacia mi cuerpo para que lo torturase a conciencia. Sus uñas rasparon la tela de mi camisa, enviando un escalofrío de placer por mi piel. Ella sabía cómo jugar a esto.

    —Pero tenemos obligaciones, soldado. —se apartó bruscamente de mí, cambiando las reglas del juego. —Tú no puedes faltar al trabajo.

    —El día es muy largo—le recordé, tratando de recuperar el punto en el que estábamos antes. Solo conseguí una pequeña risa por su parte.

    —Buen intento, soldado. Será mejor que llame a un taxi, o llegarás tarde —empezó a rebuscar en su teléfono.

    —Tengo tiempo de sobra, tranquila. —Sobre todo porque mi turno comenzaba a mediodía.

    Ella ya estaba saliendo del apartamento mientras yo me estaba atando las botas. La alcancé en la acera, donde ya estaba esperando al taxi que había llamado. Para mí era evidente lo que estaba ocurriendo, estaba huyendo, pero no sabía el motivo.

    —¿He hecho algo mal? —Ella entendió hacia dónde iba mi pregunta, por eso miró al suelo en vez de a mí.

    —No, no has sido tú.

    —¿Entonces? ¿Por qué sales huyendo como si la casa estuviese en llamas? —Finalmente alzó la cabeza para enfrentarme.

    —Eres perfecto, Tucker, que nadie te diga lo contrario. Es tan solo que mereces algo mejor, y yo no puedo dártelo. —Sus dedos se acercaron hasta mi mejilla, pero no se atrevió a tocarla.

    —¿Eso no tendría que decidirlo yo? —aferré su mano antes de que la alejase.

    —No conoces toda la historia, y no quiero que lo hagas. Solo confía en mí, no es algo en lo que debas meterte, no hasta que lo resuelva.

    —Cuando eso ocurra, ¿volverás a llamarme? —Su triste sonrisa me decía que eso no iba a ocurrir, no sabía si era la llamada o la solución de ese problema que tenía.

    —Me habría encantado que hubieses sido tú. —No entendía—Pero ha sido así.

    El taxi llegó justo en aquel momento. Ella abrió la puerta

    —Al menos deja que … —Ella se interpuso, no iba a dejarme subir.

    —No.

    —¿Y si solo somos amigos? —supliqué. Ella me sonrió antes de cerrar la puerta.

    Vi como el taxi se alejaba, dejándome allí parado, observando como todo lo que deseaba se alejaba de mí. No podía conformarme, con ella no. No soy un acosador, ni de ese tipo de hombres que no aceptan un no por respuesta. Respeto la decisión de una mujer cuando no quiere nada contigo. Pero sabía que no era así, Rebecca no me había apartado porque no sintiese algo por mí, sino más bien todo lo contrario. Había algo en su vida que temía me hiciese daño, y había decidido salvarme de ello. Error, soy un SEAL, soy yo el que rescata a la gente en problemas, y ella era ahora mi nueva misión.

    Giré de nuevo hacia mi apartamento, dispuesto a trazar un plan para ayudarla. Iría paso a paso, con cuidado, y cuando estuviese lista iría a por ella. Becca no quería decirme qué era eso tan dañino que la acompañaba, pero podía averiguarlo. Una vez lo supiera, trazaría un plan de rescate.

    Mientras subía las escaleras, la imagen de Nick me vino a la mente. Le preguntaría si podía hacer alguno de mis turnos en el Blue Parrot. Si V-Security se encargaba de su seguridad, tal vez podría asignarme allí. Y no, no la acecharía, iba a respetar su decisión, pero la vigilaría, preguntaría, y daría con eso que escondía. La distancia siempre te da una mejor perspectiva, y estaba claro que con Becca la necesitaba.

    • Capítulo 16

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