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    Nueva pupila

    Capítulo 15

    11/03/2026

    Si alguna vez me pregunté cómo era la madre de Eli, ese mismo día tuve mi respuesta. Era una Eli con 25 años más, al menos físicamente. En cuanto a su interior, diría que era mucho más calculadora y retorcida que ella. Era normal, los años te dan experiencia. Pero si existía un apelativo que la definiera, sería envidiosa.

    La abuela Nekane tenía una frase para este tipo de personas, decía que eran como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Por si no se han dado cuenta, a la amona Nekane la encantan los dichos y refranes populares españoles. Como decía, Rebeca Carrington, anteriormente conocida como Rebeca Williams, era una envidiosa que creía que todo era suyo. Por eso odiaba a mi tía Desiré, porque había llegado a ocupar el puesto que antes ocupó ella. La escocía mucho que Desiré ahora fuese la señora de Robert Williams, y no por el hecho de ser la esposa de un importante hombre de negocios de buena familia, sino porque aun después del divorcio, seguía manejándolo a su antojo.

    Robert es demasiado bueno. Puede ser despiadado e impecable en los negocios, pero se dejaba dominar por las mujeres de su familia. No podía negarles nada. Rebeca lo sabía, por eso conseguía exprimirle tanto como quería, como el hecho de que siguiese costeando los gastos de Eli, aun después de alcanzar la mayoría de edad. Ella también tenía recursos económicos propios, pero prefería dedicárselos así misma que desperdiciarlos en su hija.

    Que Rebeca estuviese ese día en el club no era una sorpresa, a fin de cuentas, todo el mundo estaba deseoso de regresar a los actos sociales, y servía cualquier pequeña excusa para celebrar uno. Pero lo que no era usual es que fuese directa a por Robert nada más verlo. Estaba claro que quería mantener una conversación privada con él.

    —La ha faltado tiempo. —dijo Desiré a mi lado antes de beber su limonada.

    —¿Crees que son problemas? —pregunté. Ella la conocía mejor, y seguro que intuiría lo que estaba pasando.

    —¿No escuchaste bufar a Eli en el coche mientras enviaba mensajes con su teléfono? Si tendría que apostar, diría que le estaba contando a su madre las últimas noticias. Concretamente, la restricción de su línea de crédito. —Desiré me señaló con la cabeza en la dirección que se habían ido Robert y Rebeca.

    Estaban allí, al fondo del campo, manteniendo una conversación que no querían que nadie escuchase. Pero es fácil adivinar lo que dice la gente si estás atento a su lenguaje corporal. Rebeca estaba echándole un buen rapapolvo a Robert. Sus manos, sus brazos, su postura, su boca… Todo indicaba que estaba muy enfadada, pero además, estaba disfrutando el tener algo que recriminarle.

    La mirada de Robert se deslizó hacia Desiré un par de veces, era evidente que estaba hablando de mi tía. ¿Culpándola del origen de aquella decisión? Yo había estado allí, la idea no fue de ella. El primero en amenazar con cortarle el suministro de dinero fue él.

    —Te está echando la culpa. —Le indiqué a Desiré. Ella estaba viendo lo mismo que yo.

    —Está haciendo más que eso, está tratando de minar nuestra relación. —Para que luego digan que las suegras son las que provocan las rupturas de los matrimonios, las exmujeres también tenían poder. Solo esperaba que Desiré pudiese darles la vuelta a todas sus acusaciones.

    —Ojalá hubiese una manera de alejarla de vosotros. —Desiré hizo un ruido raro con la garganta, un intento de risa ahogada.

    —El único que puede romper esa relación tóxica es Robert, y si no lo hace, no será el hombre por el que merece la pena luchar. —La miré con atención, ¿estaba diciendo que le abandonaría? No podía, estaba esperando un bebé, su bebé. Nunca me pareció un hombre que cediera ante los demás, creí que era de los que pelearía por lo que quiere. Pero claro, no debía olvidar que era el mismo que le daba todo lo que pedía a la caprichosa de su hija.

    Pasara lo que pasara, la tía Desiré era lo bastante fuerte para salir adelante sola, aunque tuviese que lidiar con su trabajo y un bebé. Y también me tenía a mí, porque si ella vino en mi ayuda cuando lo necesité, mi venganza podía esperar, ella estaba primero.

    —Equivocarse es más común de lo que uno piensa. —Yo también lo había hecho. Desiré debía asumir que no era la única, todos nos equivocamos. El amor nos vuelve tan ciegas a veces…

    —Yo no lo hice. Encontré el diamante. —Sus ojos seguían mirando en dirección a ellos, así que seguí su mirada para encontrar lo que ella veía. Robert estaba serio, con sus brazos cruzados, y hablando con tranquilidad. Y fuese lo que fuese, no le estaba gustando a Rebeca. De repente, él dio por terminada la conversación y la dejó plantada. Rebeca no podía creerse lo que le habían dicho, o al menos eso reflejaba su expresión. Y debía ser algo bueno, porque Desiré estaba sonriendo. —Solo había que pulirlo un poco. —Desiré me guiñó un ojo.

    Observamos como Robert se acercaba a nosotras. Besó a Desiré en los labios, y la tomó por la cintura para pegarla a su costado, dejando claro a todo el mundo, sobre todo a Rebeca, que su actual esposa era la única que importaba.

    —¿Todo bien? —preguntó Desiré.

    —De maravilla.

    Más tarde me enteré de que Robert le había dejado claro a su ex que él pagaría el apartamento de Eli, pero que del resto de sus gastos debía encargarse ella. Ella era hija de ambos, y, por lo tanto, era responsabilidad compartida el ayudarla en su emancipación. Y que esa ayuda, por parte de Robert acabaría con el vencimiento del contrato de alquiler. Si Eli quería seguir siendo independiente, tendría que buscarse otra fuente de recursos, y si fuera por Robert, ya podía ser ella misma. Lo veía bien, ¿dónde había oído esa frase de que el trabajo dignifica? No sé si es verdad, pero sí sé lo que es tener que trabajar para pagar por lo que quieres tener, en mi caso fue mi ordenador portátil. Me lo compré con el sueldo que gané trabajando como dependienta en una heladreía durante el verano. Saber lo que cuesta ganar el dinero te hace apreciarlo más.

    —Ah, Dennise. Me gustaría presentarte a David y a su abuelo, Abbot Grantshow.

    Y no, mi tía Desiré no me estaba emparejando con David. Daba la casualidad de que su abuelo estaba en la junta directiva de los New York Rangers, el club de hockey sobre hielo. Ese sería mi primer contacto con el mundo deportivo profesional. Eli enseguida se metió de por medio, ¿un chico de buena familia y con dinero? Ella no perdería esa oportunidad. Por suerte, el que a mí me interesaba era su abuelo.

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    2 Comments
    • Capítulo 14

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    2 Comments

  • Reply Capítulo 14 – Iris Boo 11/03/2026 at 20:06

    […] Seguir leyendo […]

  • Reply Ana 13/03/2026 at 21:40

    Eso es, contactos con personas que saben más de 😁

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