No soy de los que se acurrucan después del sexo. Lo fui al principio. Bueno, no al principio, pero sí lo fui con Kayla. Después de ella no volví a hacerlo: a quedarme con la chica después del sexo quiero decir. Pero aquí estaba de nuevo, calentando el cuerpo tibio de una chica después de haber tenido un maratón de sexo light. Así que, de alguna manera, volvía a ser un adolescente de 17 años. Solo esperaba que la situación no volviese a romperme por dentro. La vez anterior acabé en una oficina de reclutamiento.
—Así que ¿realmente para que viniste hasta mi apartamento? Y haz el favor de decirme la verdad —alcé la cabeza para ver mejor el rostro de Becca, que mantenía la cabeza apoyada sobre mi pecho. ¿Era demasiado pronto para reconocer que quería verla sin tener un motivo para hacerlo?
—Bueno, no puedo vivir en un hotel. Tengo que encontrar un apartamento, y pensé que quién mejor para ayudarme que alguien que conoce la ciudad mejor que yo. —Bien por ti, Tucker, encontraste una buena excusa.
—Las Vegas es muy grande, hay muchas opciones —entrecerró los ojos mientras pensaba—. Necesito algo más de información antes de ayudarte con ello.
—¿Qué tipo de información? —pasé la mano por su espalda, notando la camiseta con la que se había cubierto. Me gustaba más tenerla a mi lado desnuda, pero no podía obligarla a pasearse en cueros para hacerme feliz.
—Cuál es tu presupuesto, si quieres que esté cerca del trabajo, cuántas habitaciones, que sea soleado, si hay plazas de aparcamiento cerca… Ese tipo de cosas. —Sí que era meticulosa.
—Pues —me rasqué la cabeza, tratando de encontrar respuesta a todo ello— no necesita gran cosa. Con que tenga una cama y una ducha, me sirve. —He vivido en la base todo el tiempo, compartiendo habitación con veinte hombres y sus ronquidos, dormir solo ya sería un cambio importante. Aunque solo, solo, no me apetecía dormir si era posible. —Una cama grande, eso sí me gustaría.
—Te conformas con poco —me encogí de hombros ante su comentario.
—No necesito mucho. —O al menos no lo hacía, hasta ahora. ¿Cómo era esa frase?; no sabes lo quieres hasta lo encuentras. No sabía que quería tener a Becca cerca hasta que la he encontrado, así de simple.
—Estoy por alquilarte la maceta que tengo en la ventana. —¿Me había hecho una broma?
—¿Te da igual que mee ahí? —Noté el golpe en mi abdomen casi de inmediato.
—Idiota.
—Empezaste tú —me defendí.
—En serio—se sentó sobre sus talones, dejando mi cuerpo llorando por su calor—, necesito alguna información más.
—Veamos—la seguí, para quedar sentado a su lado—, no tengo coche, si sirve de algo. Así que lo del estacionamiento no me preocupa.
—Entonces hay que valorar el que tenga una buena red de transporte público, porque si no se te puede ir todo el sueldo en taxis.
—Bien visto. —Guapa, lista, lo tenía todo.
—¿Dónde vas a trabajar? —medité sobre ello, pero era complicado.
—Espera—me puse en pie y fui a buscar los papeles que tenía en el bolsillo de la chaqueta—. Se supone que hay unas oficinas centrales, un centro de coordinación, un lugar para los entrenamientos, los almacenes… —revisé la larga lista con el resumen de las cosas importantes. Según Nick, debía familiarizarme con todo ello.
—Trae—Becca me arrancó el papel de la mano—. ¿Qué es esto de aquí? —señaló con el dedo una de las páginas. Le eché un vistazo antes de contestar.
—Trabajar para V-Security tiene algunos beneficios, como descuentos de empleado en algunos negocios locales. ¿Ves? Aquí pone que no tengo que pagar cuota si voy a este gimnasio —señalé la palabra “acceso gratuito” junto al nombre del lugar. Becca revisó la lista con detenimiento, hasta que escuché una súbita inspiración.
—¡Tu seguro médico incluye la Clínica Meyers! —revisé el nombre en la lista.
—Parece que sí. ¿Es buena? —ella puso cara de ofendida.
—No es solo que sea buena, de hecho, está entre las 6 mejores de la ciudad, sino lo que cuesta entrar allí. Media escuela de enfermería entregaría a su primogénito por trabajar en esa clínica. —Aquel dato me hizo pensar.
—¿Tú estudias enfermería? —Eso explicaría su buen hacer con mis puntos.
—Lo hice. —La rapidez con la que esquivó mi mirada me decía que había algo ahí que no quería que viese.
—Pues eres buena —señalé mi ceja—. Podrías trabajar de enfermera cuando quieras. Yo me dejaría coser otra vez si tú fueses la que maneja la aguja. —Mi comentario la hizo sonreír.
—Ya lo hice —reconoció mientras se ponía en pie. No iba a dejarla escapar, así que la seguí.
—¿Y? —le pedí.
—Ya sabes —se encogió de hombros—. Durante el confinamiento las enfermeras estuvimos muy solicitadas, pero después…—otro alzamiento de hombros.
—¿Te despidieron? —deduje. Maldije a los empresarios que utilizan a los empleados cuando los necesitan, y luego los escupían como si no valiesen nada después de exprimirlos.
Durante el COVID-19 los sanitarios se jugaron la vida, y aun así mucha gente los trató como mierda por miedo a que les contagiasen. Desagradecidos. Yo he servido a este país durante 10 años, me he jugado la vida, y sé lo que es que reconozcan tu sacrificio. Pero con ellos…
—Ahora cobro más sirviendo copas detrás de la barra. —Aquella no era la respuesta que quería. Por algún motivo no quería decirme lo que ocurrió. Quizás, con el tiempo…
—Pues es una lástima. Me había gustado verte con el uniforme de enfermera. —Habíamos llegado hasta la zona de la cocina, donde Becca estaba revisando el contenido del refrigerador.
—¿No te gusta mi ropa de camarera? —Aquella sonrisa ladina suya acabaría matándome.
—Tanto como para ponérmela encima —me apoyé en la encimera, mientras observaba como Becca preparaba un par de tazas de café—. Pero no es lo mismo. Será que me ponen los uniformes, como a ti —copié uno de sus encogimientos de hombros.
—Si tú me enseñas el tuyo, yo te enseño el mío. —Ella sí que sabía cómo prender una hoguera con un simple comentario.
—Ve desempolvándolo, el próximo día traeré puesto el mío. —Ojalá tuviese un fetiche con los uniformes, como había sugerido.
—¿Todo esto son beneficios laborales? —Esta mujer era una experta en cambiar de tema cuando el actual se encaminaba hacia caminos oscuros.
—No he tenido tiempo de revisarlos todos. Le di una ojeada rápida de camino hacia aquí —reconocí. Tendría que solucionar eso pronto.
—Aquí pone que tienes descuento en una agencia inmobiliaria. Yo empezaría por ahí —señaló el punto con un par de golpecitos de su índice.
—¿Tienes algo que hacer esta mañana? —A las chicas les encantaba ir de compras, o al menos eso había oído. ¿Ocurriría lo mismo con la búsqueda de apartamentos?
—¿Quieres que vaya contigo? —me incliné para tomar la taza que había dejado sobre la mesa para mí.
—Me harías un gran favor. Tú conoces la ciudad mucho mejor que yo. ¿Y si me engañan? —Becca puso los ojos en blanco. Que fuese grande y fuerte no quería decir que estuviese libre de ser estafado por alguien sin escrúpulos. Dudaba que V-Security trabajase con alguien así, sobre todo porque con una sola queja podría acabárseles el negocio con ellos, pero nunca se sabe.
—No sé, mis honorarios son altos —le dio un sorbo a su café mientras me estudiaba.
—Espero que no demasiado. Todavía no he cobrado mi primer sueldo. —A ella le pagaría lo que quisiera y como quisiera, a ser preferible con carne, toda mi carne.
—Seguro que llegamos a un acuerdo satisfactorio para ambos. —¿No dije que su sonrisa ladina acabaría matándome? Bueno, puede que se convirtiese en la mejor manera de morir.