Algo no estaba bien. No podían convocarnos en una nave industrial abandonada, en mitad de ninguna parte. —¿Está seguro, señor? —verbalizó el taxista, como
- Al igual que hago siempre antes de saltar de un avión, tomé aire profundamente un par de veces, y después lo solté con lentitud.
- Nick estaba retirando las etiquetas en las taquillas de las personas que no habían pasado la primera criba, mientras los cinco supervivientes nos cambiábamos
- Nada más atravesar la recepción de la planta, me di cuenta de que yo no encajaba allí. Sí, había como una docena de tipos
- Lo malo de ser una incorporación de última hora al grupo era tener que compartir habitación con la persona que nadie quería como compañero.