Mientras bajaba en el ascensor, ojeé el documento buscando las cláusulas importantes. No es que me diese tiempo a mucho antes de que alcanzase el vestíbulo, pero más o menos sabía lo que podía encontrarme. Cifras, bonificaciones, complementos…
Seguí la marea de gente que salía, mientras ojeaba algunos detalles, cuando una voz impaciente me detuvo.
—¿Tienes algo? —Di un respingo antes de topar con la expresión ansiosa de Susan. Por instinto, mis manos se apretaron contra mi pecho, tratando de sujetar mi corazón dentro del pecho.
—Si me matas de un infarto, nunca lo sabrás.
—Perdona, es que estoy un poco nerviosa. —Eché una mirada detrás de ella, para encontrar a su hermano observándome con el ceño fruncido. Podía entenderle, no sabía quién era yo y lo que pretendía.
—¿Qué os parece si vamos a comer? Estas cosas se estudian mejor con el estómago lleno. —Le guiñé un ojo a Susan, que se aferró a mi brazo, como si temiese perderme en cualquier momento. La entendía, yo era su nexo de unión con Yale.
—¿Eso que llevas ahí es la nueva oferta? —preguntó de pasada Jonas.
—No, de hecho, es el que creo que te han enseñado a ti allí arriba. —Señalé con un movimiento de cabeza las plantas superiores. Mi gesto provocó en él más desconcierto.
—¿Cuál es esa oferta tan maravillosa que me vas a proponer? —Estaba claro que no íbamos a llegar a la comida para abordar el tema.
—Espero conseguir un acuerdo que se ajuste a lo que tú quieres, y lo que los Whale están dispuestos a ofrecer. Algo que os guste a los dos.
—Así que vas a redactar un acuerdo a medida para mí.
—Eso es. —Le sonreí.
—Por curiosidad, ¿cuánto ganas? —Su pregunta me sorprendió, aunque no demasiado.
—¿Crees que trabajo para los Whale?
—Estabas allí arriba, conoces a Grantshow, y ahora vas a redactar un contrato para satisfacernos a ambos. Yo diría que sí. —Jonas ladeó la cabeza, como sopesando sus propias palabras. Seguro que estaba pensando, ¿cómo podía enviar a alguien tan joven a hacer ese trabajo? Normalmente, este tipo de negociaciones recaía en alguien más experimentado. A menos que creyese que para los Whale él no fuese tan importante, algo que habría dejado esa leve decepción en sus ojos.
—Pues siento decepcionarte. Hoy es la primera vez que me he acercado a estas oficinas, y lo he hecho ante la promesa de Grantshow de enseñarme cómo funciona su equipo legal. Así que respondiendo a tu pregunta; ganaré lo que tú estés dispuesto apagarme.
—¿Yo? —Mi respuesta le había sorprendido.
—Como yo lo veo, voy a coger su propuesta y la voy a reformular para que se adapte a lo que tú necesitas. Puedes llamarlo contraoferta si quieres. —Poco a poco se dibujó una sonrisa en los labios de Jonas. ¡Porras!, no me había dado cuenta de que el chico era realmente atractivo.
—Me gusta como suena.
—¿Ves? Te dije que ella era de fiar. —Aquella aseveración por parte de Susan era algo prematura e infundada, porque no me conocía. Por decirlo de alguna manera, ella estaba haciendo conmigo un acto de fe.
—Dejemos que eso lo diga mi trabajo. Entonces, ¿qué le parece señor Sanders? ¿Me contrata? —Le tendí una mano para que la estrechara y cerrar así nuestro pacto.
—Espero que se esmere, señorita…
—Legrand, Dennise Legran.
—Señorita Legrand, espero que me consiga un buen contrato, porque se llevaba un 10% de mis beneficios. —aquella cifra me hizo alzar ambas cejas. Había repasado lo que habían ofertado los Whale, y eso significaba un buen pico, sobre todo para alguien que se lanzaba a este mundo por primera vez.
—¿Eso no le correspondería a tu representante? —pregunté.
—De momento me estaba encargando yo mismo de esa parte, pero está claro que un profesional lo hará siempre mucho mejor. Así que ¿qué me dices?
—Que, hablando de profesionales, yo soy una abogada deportiva, así que eso es lo que vas a contratar. Pero no me importa cobrar esa comisión como representante si es lo que quieres. —Jonas sacudió con fuerza la mano que había mantenido unida a la mía para dar por finalizado el acuerdo. El chico tenía una sacudida demoledora. Estaba realmente fuerte. Debía serlo si jugaba al hockey sobre hielo y los Whale querían ficharle.
Acudimos a uno de esos restaurantes deportivos, uno que no estaba muy lejos de las oficinas de los Whale. Como era normal, el estadio estaba cerca, por eso no era raro encontrar un lugar así para comer algo. Las mesas eran de madera, y estaban separadas por esos bancos de respaldo alto. Al menos tendríamos intimidad, aunque lo que se dice glamour no tendríamos. A todas luces, yo era el gorila que se había escapado del zoo. Jonas solo tuvo que quitarse la chaqueta y la corbata para sentirse en su salsa. Por mi parte, era imposible que la gente no me mirase con aquel atuendo tan formal. Parecía una niña rica que se había confundido de lugar.
—¿Qué vais a tomar? —preguntó la camarera. Todos cogimos rápidamente uno de los menús plastificados que había sobre la mesa.
—Hamburguesa con queso y patatas, y una cola. —pidió Susan.
—Yo hamburguesa con lechuga y tomate, y una cerveza sin alcohol. —ordenó Jonas. Yo me demoré algo más, porque debía encontrar algo que pudiese comer sin utilizar las manos, algo muy difícil allí.
—Unos Nuggets de pollo. Y ¿podría traerme un tenedor? —La cara que puso la camarera parecía un poema. Parecía decir “¿En serio? ¿Esta niña pija me está pidiendo un tenedor para sus Nuggets? Niñata, te has equivocado de lugar”.
—Veré lo que puedo hacer.
—Y agua, gracias. —La pedí antes de que se alejara. Seguro que estaba poniendo los ojos en blanco mientras se alejaba. Al mirar a Jonas encontré una sonrisa socarrona en sus labios.
—¿En serio? —preguntó mientras reía.
—Tengo que leer y redactar un contrato. Quedaría poco profesional si lo remito lleno de manchas de grasa, ¿no crees? —Su expresión cambió, aunque su sonrisa no desapareció.
—Cuando tienes razón, tienes razón.