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    Capítulo 20

    15/10/2026

    Un SUV nos recogió junto al lugar en el que el helicóptero tomó tierra. No lo hizo en tierra, sino en mitad de la carretera. Era evidente que sabían que así se evitaba lanzar tanto polvo al aire. Corrimos hacia el vehículo, frente al que aguardaba un hombre pertrechado con un equipo más completo que el nuestro. Incluso diría que su calzado estaba más acorde con este tipo de situación. Seguro que ellos no fueron llamados a media noche para unirse a la operación. Ellos eran el grueso, nosotros el refuerzo.

    —¿Dónde están? —preguntó Nick al alcanzarle.

    —Acaban de detenerse en el área de descanso de costumbre, como esperábamos. —Seguí las indicaciones de Nick, que me señaló la parte trasera del Vehículo. Íbamos a ir bastante apretados, pero cabríamos los 6 allí dentro.

    —Entonces el horario se cumplirá según lo previsto. —Indicó Nick mientras se acomodaba en el asiento del acompañante. Normal, él era el jefe, viajaría más cómodo allí que estrujado en la parte de atrás con nosotros cuatro.

    —Boss Baby está colocando el equipo de rastreo en este momento. —¿Boss Baby? No debía preguntar, pero me moría de ganas.

    No tardamos ni 6 minutos en llegar al área de descanso, que lucía bastante vacía a esa hora. El vehículo estacionó en una zona oscura, desde la que nos movimos hasta el lugar donde estaba aparcado el camión de reparto. Había allí dos hombres; uno manipulando la cerradura mientras el otro vigilaba. No me pasó desapercibida la presencia de otro SUV de color negro en el otro extremo del estacionamiento. Habría pasado inadvertido para cualquiera, salvo para alguien que buscase el vehículo de los hombres que tenía delante.

    Con señas Nick nos indicó a Iván y a mí que subiéramos al vehículo, en el mismo momento en que la puerta se abrió.

    —Estaremos en contacto. —Genial. Esperaba que esta no fuese una trampa para deshacerse de mí, ahora que había averiguado a quién pertenecía la empresa. —Clifford en la caseta. —Escuché por el canal de mi comunicador antes de que se cerrase la puerta del camión. ¿En serio? ¿A quién se le ocurría utilizar nombres de personajes de dibujos para niños en una misión con armas?

    Iván y yo nos escondimos al fondo de la carga, por si al conductor le daba por revisar si todo estaba bien. Por suerte no lo hizo, solo revisó que el precinto estuviese bien atado, y después escuchamos como dos personas subían a la cabina, o al menos se abrieron y cerraron ambas puertas. Mínimo habría dos allí delante.

    Según mi reloj, el camión estuvo en movimiento durante una hora y media, antes de empezar a aminorar la marcha. ¿Estaríamos llegando a Las Vegas?

    —Parada habitual. El conductor va a vaciar tripas. —Daba gusto que te informasen de vez en cuando. —Prevenidos, estamos en el punto caliente. —Genial, podíamos tener acción. Revisé mi fusil de asalto, de la misma manera que hizo Iván.

    —Si ese trasto acierta, pensaré seriamente el pedirle consejo con un par de apuestas que tengo en mente. —No pude evitar reír.

    —¿Crees que a los jefes no se les ha ocurrido hacer lo mismo? —¿Lo harían? Eran la mafia, seguro que recurrirían a cualquier sistema, por ilegal que fuera, para conseguir ganar dinero.

    —¿Tú crees que lo hacen? —¿Lo preguntaba en serio?

    —Si funcionase yo lo haría. —¿A quién no le gustaría ganarse algunos dólares de manera fácil y rápida?

    —Prevenidos. Hay movimiento.

    Mantuve el oído atento. La segunda puerta, supuse que la del acompañante se abrió, y acto seguido escuché voces y después alguien comenzó a manipular la puerta con celeridad. El portón se abrió, dejando que la luz de una farola iluminase el interior.

    —¡Vamos, vamos! —Alguien apremió, al tiempo que algunas cajas empezaron a ser retiradas. Un par de pallets, y darían con nuestro escondite.

    —¡Ahora!, ¡Fuera! —Era nuestra señal. Iván y yo maniobramos para ir hacia el exterior, mientras apuntábamos con nuestras armas al desprevenido hombre que estaba tratando de cargar la voluminosa caja entre nosotros.

    —¡Manos arriba! —El tipo primero se sorprendió, pero enseguida se dio cuenta de que debía obedecer. Nadie se torna desafiante frente a un arma semiautomática.

    Gritos, amenazas. Creo que todas estas operaciones son iguales, salvo por el hecho de que escuchamos un chirrido de neumáticos casi al mismo tiempo que un grito. Iván se ocupó de apuntar al tipo que tenía inmovilizado, cuando revisé la zona exterior.

    —Agente Daniels, van hacia usted. Furgoneta blanca con las puertas traseras abiertas —gritó Nick junto a mí a alguien al otro lado de su teléfono.

    Mi vista dio con uno de mis hombres en el suelo; Anderson. Lo habían herido. Se suponía que era un miembro de mi equipo, así que después de comprobar que todos los sujetos estaban siendo esposados, corrí hacia él para comprobar su estado. No parecía grave, solo se sujetaba la pierna.

    —¿Qué ha sucedido? —pregunté mientras lo revisaba. No había sangre, algo bueno, supuse.

    —La maldita caja de pollos le cayó en el pie. —Respondió a nuestro lado uno de los tipos que supuse era del otro equipo de intervención. La caja asesina estaba demasiado cerca, y por su volumen parecía peligrosa, si eres un pie y estás debajo de ella, quiero decir. La mandíbula tensa de Anderson, mientras se sostenía la pantorrilla, como si de esa manera tratase de impedir que el dolor ascendiese por su pierna, decía que dolía y mucho.

    —Tenemos que llevarte a un hospital. —Recé porque esta misión no requiriese de un matasanos escondido en algún cuchitril infestado de cucarachas. Mafia, ¿recuerdan?

    —Woodpecker, trae el pájaro hasta aquí, ¡Ahora! —ordenó Nick a mi lado— Tranquilo, Brooke. Vamos a llevarte a un hospital —Nick palmeó su hombro, antes de ponerse de nuevo en pie e ir a comprobar la situación del resto. ¡Mierda!, se suponía que yo era el jefe del equipo, ¿y no sabía que Anderson se llamaba Brooke? —Encárgate de él, yo me ocuparé de cerrar esto.

    Escuchamos al helicóptero acercarse, así que lo siguiente era ir hasta él.

    —Vamos, compañero. Te ayudaré a ponerte en pie. —Tiré de su brazo para que se incorporase sobre una pierna.

    —Yo me encargo de esto —dijo alguien del otro equipo, mientras tomaba nuestras armas. ¡Joder!, tenía que conocer al resto del personal.

    Oteé el horizonte, en busca de las luces de posición del helicóptero, que estaba aterrizando en mitad de la carretera. No quería ni pensar en los cables que habría cerca y que podían ser un peligro.

    —Vamos allá. —No me di cuenta de que Nick se había puesto al otro lado de Brooke, para entre los dos ayudarlo a ir hasta el aparato, hasta que noté como parte de su peso desaparecía de mis hombros. Tenía que reconocer que Nick se preocupaba personalmente de todo. Era como si sus hombres fuesen importantes para él. ¿Esto era lo que quería decir cuando dijo que éramos como una familia?

    —Lo tengo —dije cuando el culo de Brooke estuvo finalmente en el asiento del helicóptero.

    —Mantenme al corriente. —dijo antes de cerrar la puerta. El helicóptero se elevó sin esperar a nadie más.

    —Ya es mala pata —dije para aligerar el ambiente. Brooke soltó una risa desganada. Había cogido el chiste, pero el dolor no le dejaba apreciarlo del todo.

    —Tango Charly November 367, solicitando permiso para aterrizar en plataforma 352 Melrosse. —escuché decir al piloto.

    Aquella dirección me sonaba, Melrosse 352 era la dirección de la Clínica Meyers, lo recordaba. Pues no, no iban a llevarnos a un matasanos, iban a llevarnos a un hospital de verdad, con equipos actuales y personal profesional de verdad. Dejé escapar la tensión que había contenido desde antes del despegue. Al menos V-Security sí que se preocupaba por atender a sus heridos, sus hombres.

    —Por lo que he oído, hay van a tratarte como un rey. —le guiñé un ojo para transmitirle esa seguridad que yo ya sentía.

    • Capítulo 19

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