Maxim y yo cruzamos la mirada durante unos largos segundos. Yo preguntándome por qué iba a acompañar a Becca a su casa, y él seguramente preguntándose por qué no lo estaba haciendo yo.
Me sorprendía que ella me hubiese reemplazado con un tipo tan mayor y tan rápido. Maxim le sacaba al menos 15 o 16 años. Y por lo que había charlado con él, tenía un par de hijos pequeños, la mayor estaba en la etapa preadolescente y le volvía loco. ¿Cómo iba a liarse con una chica que estaba muy cerca de la edad de su hija?
Sacudí mi cabeza, tratando de sacar esa idea de mi cabeza. Eran celos, malditos celos. La edad no importa en las relaciones, solo las personas y su compatibilidad. No me sentía mal porque me hubiese sustituido con Maxim, sino simplemente que lo hubiese hecho.
La encargada de la barra llamó a Becca, oportunidad que aproveche para despedirme de Maxim y lanzarle una mirada asesina.
—Nos vemos mañana. —Estaba por alejarme, cuando su mano aferró mi camisa.
—Cuidamos de los nuestros. Y ella siempre ha tenido escolta de camino a casa. Incluso antes de que tú llegaras. —¿Me estaba diciendo que no era la primera vez? ¿Que en este acto no había ninguna intención romántica o sexual? ¿Tendría que ver con lo que me ocultaba?
—¿Algún cliente? —Tenía que saber si había algún acosador metido en esto.
Antes de que pudiese responder llegó Becca. Su mirada me dijo que seguía resentida conmigo.
—Nos vemos mañana. —Maxim asintió para mí, de la misma manera que hacemos los tíos cuando nos comunicamos sin necesidad de añadir palabras.
Para averiguar qué era a lo que Becca tenía miedo, tal vez solo necesitaba seguir su camino y verlo con mis propios ojos. Fuese quién fuese, Maxim era suficiente para disuadirlo. Yo, por mi parte, podía simplemente observar desde la distancia.
Ellos salieron del Blue Parrot en dirección al apartamento de Becca. Si Google no se equivocaba, quedaba a dos manzanas caminando. No muy lejos, aunque suficiente para ser interceptada. Había demasiado lugares entremedias en los que una persona puede ser asaltada o simplemente desaparecer.
Salí detrás de ellos con unos minutos de diferencia. No quería que Becca u otra persona se diese cuenta de que los vigilaba. Cuando sabes hacia dónde va tu objetivo, es fácil seguir su rastro en la distancia, en mi caso, desde el otro lado de la carretera. Maxim era un punto de referencia difícil de pasar por alto por su complexión y estatura.
Aunque controlé a la gente con la que se cruzaban, nada llamó mi atención, al menos hasta que alcanzaron el portal. Para alguien acostumbrado a misiones de reconocimiento, notar como había alguien en uno de los autos, esperando no fue difícil. Y si le sumábamos el hecho de que salió de su estacionamiento cuando Becca entró en el portal, vigilada por Maxim, tenía todas las pistas que necesitaba. Saqué una fotografía rápidamente, aunque dudaba mucho que sirviera de algo, salvo identificar el modelo y color del vehículo. Pero lo reconocería si volvía a encontrarme con él.
Revisé las líneas de autobús con las que podía ir a mi apartamento. No había muchas opciones a esas horas de la noche, así que me decidí por pedir un taxi. Estaba a punto pedir un UBER desde la aplicación, cuando entró una llamada de Nick. No me sorprendió porque fuera suya, sino que la hora era demasiado tardía para una persona con un trabajo diurno como el suyo. Una mala sensación me invadió, ¿y si había problemas?
—Dime, Nick.
—¿Quieres jugar a cosas de mayores? —Su tono no era el de alguien preocupado.
—Te escucho. —Seguro que sabía que había terminado mi turno. Nick me parecía de esos tipos que controlaban todo a su alrededor.
—¿Estás en el club? —di un último vistazo al portal de Becca, donde ella hacía tiempo que había entrado.
—No, estaba dando un paseo antes de tomar un taxi para ir a casa. —No era una mentira, tan solo no le especifiqué qué había motivado ese “paseo”.
—Manda tu ubicación al grupo, enviaré a Ivan a que te recoja. —el grupo al que hacía referencia, era uno al que pertenecíamos solo los cinco; Ivan, Han, Anderson, yo y por supuesto, Nick.
—Ahora mismo.
No tengo que explicar lo que vino después, solo que lo importante llegó cuándo todos nos reunimos en un apartado aeródromo privado.
—Salimos en 15 minutos. Anunció Nick cuando llegó el último. —No tengo que decir que todos estábamos emocionados por participar en nuestra primera misión como equipo especial, aunque sí que no estaba muy contento por la falta de preparación de la misión. Una cosa es que surjan imprevistos, y otra muy diferente ir a ciegas con todo; el objetivo, el lugar, los medios…
—¿De qué se trata? —Nick abrió unos contenedores de los empezó a sacar equipo que nos fue repartiendo.
—Vamos a impedir un atraco. —Sorprendido era poco.
—¿Un chivatazo? —supuse, mientras tomaba un chaleco antibalas y me lo colocaba con rápida eficiencia.
—Más bien una predicción. —Creo que no fui el único que giró la cabeza hacia Nick en ese momento.
—¿Predicción? —preguntó Iván.
—La Big Data ha anticipado que la próxima entrega de pollos, para los servicios de restauración del Celebrity´s, será interceptada esta madrugada.
—¿Qué? —No podía creérmelo. Pero Nick sonrió, como si lo que acabase de decir no fuese una locura.
—Comunicadores, canal 7. —Nos tendió los equipos que colocamos en nuestro oído y cinturón, mientras esperábamos una respuesta más completa.
El ruido de un helicóptero tomando tierra a escasos metros de nosotros me indicó que nuestro transporte acababa de llegar. Los cinco subimos, nos colocamos los auriculares y nos aseguramos mientras el aparato despegaba. Lo que se dice perder el tiempo, no se perdía.
—No tengo que explicaros lo que puede suponer que un restaurante de prestigio se encuentre sin suministros de cara a un evento importante—empezó a explicar Nick—. Hace 4 meses hubo dos eventos importantes, ambos con más de 100 invitados. El camión que transportaba un pedido de 400 pollos sufrió un asalto en el trayecto a Las Vegas. Evidentemente el que perdió fue el distribuidor, porque el hotel no tuvo que pagar por una entrega que no llegó. Ahora bien, se tuvo que negociar rápidamente con otro distribuidor para conseguir mercancía de la misma calidad en un plazo de tiempo ridículo. Conseguirlo no fue tan difícil como se esperaba, pero sí cuatro veces más caro. Ahora nos encontramos en una situación similar, un gran pedido al mismo distribuidor. La Big Data ha advertido de un alto nivel de riesgo de que ocurra lo mismo que la vez anterior.
—¿Confías en lo que diga un ordenador? —preguntó Iván.
—Cuando se trata de predicción de sucesos basados en un gran volumen de datos, la IA y la Big Data son realmente efectivas. Su volumen de aciertos es tremendamente alto. —Hablaba como si creyese realmente en lo que los números podían aportar.
—Así que vamos a prevenir un atraco que ha vaticinado una máquina —resumió Iván. Yo no iba a protestar, las estadísticas y el ejército siempre han ido de la mano.
—¿Crees que no hemos estudiado todas las variables? —Nick ladeó la cabeza hacia Iván, manteniendo una sonrisa traviesa en sus labios.
—¿Sí? —preguntó Iván dubitativo.
—Digamos que no creo en las casualidades. —Esa afirmación necesitaba un poco más de explicación.
—¿Como cuáles? —pregunté.
—¿Un distribuidor de pollos del que no hemos oído hablar antes, con una cantidad de género disponible al que necesitamos, y con la misma calidad? ¿No parece demasiada coincidencia? —Sí, lo parecía.
—¿Crees que se trataba de la misma mercancía que robaron? —Nick sonrió satisfecho por mi deducción.
—Hicimos un test genético a uno de los animales, y resultó ser idéntico a uno que había congelado en las cocinas de uno de los restaurantes del Celebrity´s —Sí, eso lo decía todo.
—Vale, lo del distribuidor oportunista queda claro que era obra de delincuentes. Pero de eso tendría que encargarse la policía, no nosotros. —Algo me decía que a Iván no le motivaba ir al rescate de unos pollos muertos, y mucho menos jugarse el físico por ello. A mí tampoco, pero podía ver mucho más allá de lo que significaba.
Si no me equivocaba, el Celebrity´s era un cliente importante de V-Security, perjudicarle era una afrenta directa a nuestra empresa, y como había descubierto recientemente, éramos de la mafia. Uno no golpea a la mafia y espera irse de rositas. Habría represalias. “Si te metes con un Vasiliev ya puedes darte por jodido. No se juega con un Vasiliev.” Eso es lo que dijo Maxim.
—A veces hay que echarles un cable a las fuerzas de la ley. —Nick nos guiñó el ojo.
—Aproximación en 15 minutos —escuchamos por parte del piloto.
—Roger — respondió Nick —. Bien, la operación es sencilla. Dos de vosotros entrará en el vehículo refrigerado junto con la mercancía, para sorprender a los ladrones con las manos en la masa. Otro colocará el equipo de videovigilancia en la cabina del conductor, y después viajará en el vehículo de seguimiento. El otro irá en el vehículo de avanzada, que precederá al convoy. Estaremos a una distancia prudencial para que el conductor no se percate de nuestra presencia.
—Eso quiere decir que se sospecha de que el conductor está implicado en el asunto —deduje. Nick sonrió.
—Tiene un alto índice de probabilidades, pero necesitaremos pruebas, para eso son las cámaras. —Era lógico.
—Así que esto es una operación de detención de delincuentes por parte de civiles —apuntó Iván.
—¿Tenemos pinta de civiles? —Buena observación por parte de Han. No, no éramos civiles, pero tampoco pertenecíamos a las fuerzas del orden. Solo esperaba que toda la documentación con los permisos de armas y las licencias de la empresa de seguridad estuviesen al día, porque necesitaríamos toda la cobertura legal si algo salía mal.
—¿Alguna pregunta más? —nos retó Nick. Nadie dijo nada —. Bien, entonces solo queda decidir quién se va a poner el abrigo. —Alzó un chaquetón polar de color oscuro.
—Yo. —No lo dudé, si había un lugar que se suponía estaría en primera fila, ese era el de dentro del transporte.
—Espero que sea de mi talla. —Iván cogió el otro.
—El gorro no sé si te quedará pequeño. —Han le tendió uno de esos gorros de punto que sirven a todo el mundo. Oh, vaya, le estaba llamando cabezón. No pude evitar esbozar una sonrisa.
—No sé, yo calzo grande en todas partes. —¡Ja!, Iván se la devolvió, mientras le arrancaba la prenda de las manos a Nick.
No tenía idea de lo que tardaríamos en salir de la cabina de la mercancía, pero estaba seguro de que con Iván no me iba a aburrir. En cuanto al frío…, en fin, no podía ser peor que caminar bajo la lluvia durante seis kilómetros en pleno invierno.