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    Tucker

    Capítulo 6

    09/07/2026

    Nada más atravesar la recepción de la planta, me di cuenta de que yo no encajaba allí. Sí, había como una docena de tipos grandes, de esos que pueden partirte por la mitad con poco esfuerzo. El resto no destacaba por su tamaño, pero estaba claro que no eran menos peligrosos en una pelea. ¿Cómo lo sé? Su tono muscular, su manera de moverse, e inspeccionar el lugar… todas eran buenas pistas. Pero lo que delata a un guerrero es su mirada, y allí todos teníamos la misma.

    Pero ese no era el motivo por el que no encajaba, ese era otro. Mi atuendo. Esa era la nota discordante, la que hacía chirriar toda la melodía como si arañases una pizarra. Nadie llevaba botas, nadie llevaba una cazadora de tela vaquera y todos llevaban algo entre las manos, yo las traía vacías.

    —Buenos días —saludé con educación. Cada uno a su manera correspondió al saludo, salvo un par de ellos a los que no les importaba ser corteses.

    No había asientos para todos, así que los últimos en llegar, entre los que me incluía, esperamos de pie junto a la pared. De refilón eché un vistazo a la carpeta que traía el tipo de mi izquierda. Gracias a la cubierta transparente me di cuenta de lo que era; un currículum. Me maldije interiormente por no haber pensado en ello.

    Cuando salí del hotel estaba nervioso por lo que podría encontrarme, por la entrevista en sí. No pensé más allá de comprarme una camisa nueva e ir aseado. ¡Qué ingenuo!, este mundo no era así de simple. Con un suspiro me di por vencido, había perdido esa oportunidad antes siquiera de saber de qué iba el trabajo. Me giré para regresar al ascensor y abandonar el edificio.

    —¿Dónde vas? —Lo que menos me esperaba era topar de frente con Nick, el tipo que me citó aquí.

    —No he traído currículum —miré hacia mi espalda, donde algunos de los candidatos nos observaban en la distancia.

    —Eso no es lo importante —cruzó los brazos frente a su pecho, y fue entonces cuando me di cuenta de que él vestía como si fuese al gimnasio; un pantalón de deporte largo y una camiseta de algodón.

    —Caballeros. —Una voz femenina llamó la atención de todos. La mirada de Nick fue hacia el centro de la sala, así que la seguí, para encontrar a una mujer también ataviada con ropa deportiva, aunque mucho más femenina. —Supongo que todos estén aquí por la vacante en seguridad, así que si hacen el favor de acompañarme, pasaremos a evaluarlos para el puesto.

    Unos más desconcertados que otros, todos seguimos a la mujer hacia el interior. Y sí, yo también me incluí, porque Nick me hizo un gesto con la cabeza para que lo hiciera. Si él creía que debía hacerlo, lo haría, porque tenía más información que yo de cómo iba a ir todo esto.

    Llegamos a una especie de gimnasio o zona de entrenamiento, con su tatami, sus sacos de boxeo y algún que otro equipo para practicar, pero muy básico, nada de máquinas sofisticadas, aunque todo parecía moderno y en óptimas condiciones.

    —Como espero que hayan percatado, vamos a evaluar sus condiciones físicas y sus aptitudes en defensa cuerpo a cuerpo. Tienen ropa y calzado en las taquillas de la habitación contigua, y diez minutos para cambiarse. —En cuanto dejó de hablar, supe que había terminado con sus instrucciones y que debía moverme rápido.

    Con paso rápido entramos en la habitación que nos indicó, para encontrar un par de hileras de taquillas. No tardé en darme cuenta de que en todas había escritos nombres. En cuanto vi que uno de los chicos encontró la suya, supe que todos teníamos la nuestra, así que empecé a buscar la que me correspondía. Tucker; la abrí, y con rapidez hice el intercambio de atuendo. Ponerse unas deportivas, un pantalón y una camiseta no suponía mucho tiempo, así que aproveché para dejar perfectamente colgada y doblada la ropa que me acababa de quitar. Lo primero que aprendes en el ejército es a tratar bien el material, a ser ordenado y pulcro, y a ser rápido, muy rápido.

    Fui el tercero en regresar al tatami, lo que me permitió apreciar como Nick charlaba con la mujer mientras ella repasaba una lista en una tabla sujeta documentos, de esas que llevan una pinza en la parte superior.

    —Tienen cinco minutos para calentar. Después les asignaremos una pareja de lucha, a la que tendrán que derribar. Las normas para la rendición son las estándar, ya saben, dos golpes y su oponente gana el punto. Tres puntos cedidos y han perdido el combate. ¿Queda claro?

    —Sí, señora —respondimos al unísono.

    Empecé a calentar mis músculos y articulaciones.

    —Nick me ha asegurado que tienes lo necesario para estar aquí, así que no nos decepciones. —Comentó la mujer al pasar a mi lado. Su voz era ruda, con autoridad, y aunque su físico era más menudo que la de la mayoría de los presentes, algo me decía que podía tumbar a más de uno. Sus músculos parecían tonificados, firmes, y su manera de observarnos no era precisamente para apreciar unos músculos bonitos, sino para evaluar nuestra capacidad de amenaza.

    Una hora después, todos habíamos combatido contra todos en rondas individuales, no gané todas las peleas, pero sí la mayoría, lo que me dejó en el pequeño grupo que no fue desechado con un “Gracias por venir. Pueden retirarse”. Creo que al principio había más de veinte personas en la sala de espera, pero al final quedamos cinco hombres.

    ¿Por qué sonreía? No era solo por haber pasado la primera criba, sino porque había superado a otros oponentes que se sabían mejor preparados para pasar por una entrevista normal. Si algo tenía claro, es que esta empresa dejaba a un lado las convencionalidades para ir directos a lo importante.

    —Bien, soldado—sus ojos viajaron por la cadena de la que colgaban mis chapas de identificación—. Mañana veremos si sigues en pie. —No entendí las palabras de la monitora, pero supuse que eso quería decir que al día siguiente continuarían las pruebas de selección.

    —Te dije que pasaría, Robin. —Nick estaba parado a mi lado, con una sonrisa vencedora en los labios y los brazos cruzados sobre el pecho.

    —Todavía no cantes victoria, Nick. —Robin se alejó, dándonos la espalda.

    —Suena como si hubieseis hecho una apuesta —me atreví a sugerir.

    —Cinco dólares —confesó—. Pero ya te irás dando cuenta que no es por el dinero, a ella no le gusta perder.

    —¿Ella y tú…? —hice ese gesto con mi dedo que pretendía insinuar que tenían algo entre los dos.

    —Es mi cuñada.

    —Ah. —Eso explicaba mucho, y al mismo tiempo no significaba nada. En ese momento mi cabeza comenzó a urdir nuevas preguntas: ¿por qué estaba yo allí? ¿Yo no era más que un pique entre ellos? Nick había visto potencial en mí, eso estaba claro, pero ¿para qué? Algo me decía que estos dos tramaban algo, y yo estaba en el medio.

    En fin, si conseguía un trabajo, lo que ellos hicieran me daba igual. Ahora tenía una razón para desear quedarme en la ciudad, y era volver a ver a Becca. Tenía la justificación bien doblada y limpia en mi habitación, solo debía dejarme caer por allí y conseguir otra cita. Hacía demasiado tiempo que no hacía algo así, quiero decir, interesarme por una chica para algo más serio que un revolcón esporádico. Si me quedaba en Las Vegas tal vez…

    Sacudí la cabeza para sacarme esa idea de ella. No, en mi vida no había sitio para algo así, no tenía tiempo, ni ganas, ni deseos de meterme en el tremendo lío que significaba encariñarse con una mujer. Amigos sí, relaciones no. Solo esperaba que ella aceptase un acuerdo de amistad que incluyese un poco de sexo.

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    1 Comment
    • Capítulo 5

    • Capítulo 7

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    1 Comment

  • Reply Esther Irazabal 17/07/2026 at 17:46

    Buen día IrisBoo, espero te encyentres bien, sigo enamorada de tus lubrod, quería preguntarte si no has subido el cap 7 porque no e sale, gracias un abrazo en la distancia 🫂📝📙📚😘

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