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    Capítulo 4

    25/06/2026
    Siempre que la veía en uno de sus trances, el estómago se me convertía en una bola de nervios; me sobrecogía. Era como si esperase que una de aquellas visiones trajese consigo una noticia que no quería recibir. Quién sabe. Hasta ahora había vaticinado muertes, traiciones, intentos de asesinato… Pensándolo bien, salvo encontrar a Pamela, todo lo que había anticipado Sheba había sido de alto riesgo. Pero siempre había conseguido salir victorioso gracias a su ayuda.
    Pero en esta ocasión era diferente, presentía que algo no estaba bien. Sus ojos, sus oscuras pupilas, seguían atrapados en las volutas de humo que apenas escapaban de los restos quemados en el brasero, como si algo o alguien la mantuviese retenida en aquella visión. ¿Era eso? ¿No podía escapar? ¿No podía regresar a la realidad?
    —Sheba. —Su nombre escapó de mi boca como un susurro, una débil súplica de atención.
    Ella no reaccionó. No esperaba otra cosa; las visiones la atrapaban de una manera que a veces me asustaba, aunque no tanto como en aquel momento.
    —Sheba. —Esta vez la llamé con más fuerza, dejando escapar en mi tono la desesperación que me estaba causando.
    Nada.
    Ya me estaba acercando a ella cuando su cabeza se giró hacia mí, lo que me dejó clavado en el sitio. Sus ojos parecían verme, aunque de una forma extraña. Sus pupilas seguían dilatadas, aunque parecían verme.
    —Karl. —Su voz sonó casi estrangulada, como si un fuerte dolor la atenazara.
    No dudé, corrí hacia ella como si mi vida dependiese de ello. Y gracias al cielo que lo hice, porque sus rodillas se doblaron cuando mi mano la tocó. Un segundo más y habría caído al suelo. Por fortuna, mis brazos la atraparon antes de que eso sucediese.
    —Tu sangre. —Su mirada se desvió hacia el centro de mi pecho. Arrastró su palma sobre mi camisa, como si realmente estuviese viendo algo más de lo que había. Sangre, había visto mi sangre, todavía lo hacía.
    —Sheba. —Mi voz pareció despertarla del todo esta vez, ya que su cabeza dio una rápida sacudida y sus pupilas volvieron a un tamaño normal.
    —Karl. —En su voz había un rastro de reconocimiento, como si de repente me viese por primera vez.
    La poca fuerza que todavía le quedaba en las piernas se agotó, dejando que finalmente su cuerpo se rindiera.
    —Te tengo. Sigue conmigo. —Mi ropa se convirtió en un gurruño entre sus dedos. No sabía si trataba de evitar caer o si lo que no quería era que me alejase. Había un brillo de desesperación en su mirada que oprimía la garganta.
    —Lo he intentado. —Las lágrimas se derramaron por sus mejillas, dejando libre un dolor que ya no podía contener. ¿Estaba llorando por mí?
    —Tranquila. Todo va a ir bien. —La apreté contra mi cuerpo, o quizás fue ella la que hundió su cara en el hueco de mi cuello.
    En otras circunstancias estaría dando saltos de alegría, regodeándome porque ella voluntariamente había dado ese paso. Pero el motivo me estaba quemando por dentro. No así.
    —No he podido. —Ahora ya no trataba de contener el llanto. Había perdido una lucha a la que parecía haber entregado todas sus fuerzas.
    —Vamos a solucionarlo. —Pase el brazo detrás de sus rodillas para cargar con ella y sacarla de allí. Su piel estaba demasiado fría, como si hubiese caminado en una tormenta de nieve. Necesitaba hacerle entrar en calor.
    —No he podido —repitió. Su voz se perdía, amortiguada por mi camisa. Dolor, derrota. Ella no era capaz de gestionarlo.
    —Shhh. Voy a llevarte a la mansión, voy a hacerte un chocolate caliente y vas a entrar en calor. Después hablaremos sobre lo que has visto y haremos que cambie. Como siempre. —Como aquella vez en que mis manos sostenían un vaso envenenado. No iba dirigido a mí, pero hasta el momento real no supimos que habíamos interpretado mal aquella visión.
    —No lo entiendes. Ahora… ahora es diferente. —No podía detenerme para hacerle entrar en razón. Mis pies se movían a tanta velocidad que me sorprendía no haber tropezado con alguna irregularidad del terreno.
    —¿Qué ha sido diferente? —Ya sabía que aquella visión no era como las que tenía habitualmente. Esta había sido diferente; lo había notado. Ni siquiera necesitaba una explicación sobre ello.
    —Yo… yo estaba dentro. Era diferente a las otras veces. —Esa última frase me extrañó. ¿Por qué me parecía que no estaba hablando de forma genérica?
    —¿Lo habías visto antes? ¿Viste cómo me herían? —No quise ir más allá porque no me atreví a preguntar. Pero la pregunta seguía en mi cabeza: ¿había visto mi muerte?
    —No sirvió de nada. —Noté su mano deslizándose por mi mandíbula. ¿Me estaba pidiendo perdón?
    —¿Qué no ha servido? —Una extraña sensación recorrió mi cuerpo, y no era por el hecho de empujar la puerta de la despensa para entrar en el edificio.
    —Me fui para salvarte. —Su confesión me paralizó.
    —¿Qué? —Deposité su trasero en la primera superficie que encontré en mi camino, que resultó ser la encimera de la cocina.
    —Lo vi. —Agachó la mirada, como si estuviese confesando un pecado. ¿No entendía que ella no tenía la culpa de lo que veía? ¿O quizás estaba apesadumbrada por no habérmelo contado antes?
    —¿Qué viste? Cuéntamelo, Sheba. —Aprisioné su cuerpo entre mis brazos, dejándole claro que no escaparía de mí hasta que confesara todo.
    Finalmente, tragó saliva y alzó la mirada. Ahí estaba mi chica valiente, la que necesitaba en aquel momento.
    —Te dispararon —puso su mano sobre mi corazón, señalando el lugar exacto—. Y yo… yo estaba contigo. —Traté de darle sentido a sus palabras, al contexto de su confesión. Hasta que creí ver una lógica en todo aquel balbuceo sin sentido.
    —Trataste de cambiar el futuro. ¿Creíste que si te ibas no sucedería? ¿Que me matarían si te quedabas conmigo? —Ella asintió.
    —Es por mi culpa. —Ahí estaba. La causa que la había llevado a este estado.
    —¿Estás segura? ¿Sabes quién lo hizo? ¿Lo viste? —Mis preguntas la dejaron aturdida.
    —Yo… —Algo estaba fallando en su cabeza.
    —¿Lo viste? ¿Viste al que me disparó? —Ni de broma podían herirme en el pecho, a no ser con un arma de fuego. Ella había visto sangre; solo podía ser una cuchillada o un disparo. Tendrían que haber estado muy cerca para asestarme una herida mortal con un cuchillo. Así que me decanté por la más factible: una bala.
    —No. Pero…
    —¿Pero qué? —Presioné para que me diese la respuesta que necesitaba.
    —Sé que estaba allí por mí. —Se llevó la mano al centro del pecho, como si aquella seguridad naciese de su interior. —Lo siento.
    —Estés tú conmigo o no, mucha gente querrá matarme; eso no es nuevo.
    —Pero…
    —Ahora que conocemos la amenaza, haremos todo lo posible por atajarla, ¿me entiendes? —Tomé su cabeza entre mis manos, obligándola a mirarme directamente. —No voy a morir así. —Ella intentó negar, pero no pudo. Solo unas lágrimas escaparon de sus ojos, desafiándome.
    —Él dijo lo mismo y está muerto.
    —¿Quién? —Traté de hacer memoria, consiguiendo un nombre. —¿Tu antiguo jefe? ¿Mustafá? —Otra lágrima; había acertado.
    —Él no me hizo caso. —Había algo más detrás de sus lágrimas, algo que le daba alas a mi corazón. No era posible, ¿verdad?
    —Su muerte te liberó de su yugo. Si yo muero, ¿quién os ayudará a ti y a tus hermanas? Pero eso no lo sabías cuando escapaste de nosotros en Nueva York, ¿verdad? Pero fue allí donde tuviste por primera vez esta visión. ¿Me equivoco? —Sus ojos húmedos me miraron de una manera que me hizo desear abrazarla y decirle que no iba a pasar.
    —No. —Apenas fue un susurro que me costó oír.
    —¿Por qué escapaste, Sheba? —Quería oírselo decir.
    —No quería que murieras.
    —¿Por qué, Sheba? Soy un asesino. Merezco morir de forma cruel.
    —No. Tú no. —Sus lágrimas, aquellas malditas lágrimas, me estaban diciendo que podía volver a besarla y ella no me rechazaría. Sentía algo por mí, algo que me hizo creer en ese futuro que deseaba alcanzar.
    1 Comment
    • Capítulo 3

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    1 Comment

  • Reply Patty Meson 26/06/2026 at 14:49

    Ando perdida con este capítulo 🤔 entendí de dónde salieron estos personajes en fin espere la al 5 cap a ver si hay claridad después de

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