Pickles puso una cerveza nueva frente a mí.
—Todavía no he terminado esta. —Alcé el botellín que todavía contenía un tercio de líquido en su interior.
—Yo solo cumplo órdenes —me guiñó un ojo y se retiró.
—¿Quién paga esta? —Antes de terminar la pregunta, vi a la persona que estaba sentándose a mi lado. No lo había visto antes, pero estaba seguro no solo de que esa nueva cerveza era cosa suya, sino de que tenía intención de entablar una conversación conmigo.
—Yo. Me llamo Nick —estiró la mano hacia mí para presentarse formalmente. De donde vengo, es de mala educación no corresponder a un saludo cuando te han invitado a una bebida, así que le estreché la mano con firmeza. No sabía cómo van las cosas en Las Vegas, pero no quería que me confundiera con alguien que se acostaría con otro hombre. Lo siento, soy hetero, muy hetero.
—Tucker —me presenté.
—He visto lo que hiciste antes —señaló con el pulgar hacia su espalda. Sabía perfectamente a qué se refería. —Unos buenos movimientos.
—Supongo —le di un largo trago a mi botella para terminarla.
—¿De casualidad no estarás buscando trabajo? —Su pregunta casi provocó que me atragantase.
—¿Me estás ofreciendo uno? —Como quien decía, acaba de terminar mi contrato, y aunque no había empezado a buscar, sí que estaba en mis planes el hacerlo. Nick sonrió ligeramente.
—Sé de un lugar donde están buscando gente con tus aptitudes —deslizó una tarjeta sobre la mesa, en la que solo estaba escrito el nombre que me había dado y un número de teléfono móvil. Su oferta me sonó demasiado ambigua.
—Si es algo ilegal, no me interesa. —Ni siquiera toqué el papel.
—Yo no he dicho que lo sea. —Sus ojos estaban fijos sobre mí, como si pudiese leer más allá de mis pensamientos. Eran de un azul tan puro que parecían irreales. ¿Llevaría lentillas?
—¿De qué es el trabajo? —Mi pregunta provocó otra vez su sonrisa. Antes de responder, escribió algo en la parte de detrás de la tarjeta.
—Mañana, a las 10. Si te presentas, tendrás todas las respuestas que buscas —deslizó nuevamente la tarjeta hacia mí.
—¿Y si no lo hago? —Estudié lo que había escrito; parecía una dirección.
—Cada persona es responsable de las decisiones que toma —se encogió de hombros y se fue. El tipo tenía una forma de hablar muy rara.
Regresé a la tarjeta y la inspeccioné con calma. Estamos en pleno siglo XXI; hay docenas de medios de averiguar lo que él no me había dicho. Abrí el buscador de mi teléfono e introduje lo que supuse que era un nombre; no hallé nada. Después probé con la dirección, y entonces sí, apareció un edificio que albergaba varias oficinas, justo en el sector comercial de la ciudad. Volví a revisar la dirección. Había un número de planta. Seguro que sería una de las oficinas que tenían allí su sede. Busqué en el listado, pero había demasiadas y de lo más diversas, desde empresas de seguridad, gimnasios, fisioterapeutas… Si quería saber en cuál sería mi entrevista de trabajo, no tenía más opción que acudir y, como dijo Nick, obtener respuestas.
—¿Puedo preguntar? —No había notado que Pickles estaba frente a mí. Sopesé si contarle o no lo que acaba de ocurrir, hasta que me di cuenta de que ella podía ser una fuente de información alternativa.
—Me ha citado para una entrevista de trabajo —solté sin rodeos. Ella pareció sopesarlo seriamente.
—Yo iría. —Necesitaba saber más.
—¿Le conoces? —Si era así, podría darme alguna pista de lo que me esperaba al día siguiente, si es que decidía acudir, claro.
—No es cliente asiduo, pero lo he visto alguna que otra vez por aquí. —Eso me extrañó, porque con la cantidad de hombres que pasarían por un lugar como este, las chicas ni se fijarían en uno en concreto, salvo que hiciese o actuase de una forma que dejase huella, y las opciones eran muchas.
—¿Deja buena propina? —Esa era una de ellas.
—Nunca le he visto pagar nada, y el gerente y los de seguridad le tienen mucho respeto. —¡Mierda!, ¿sería uno de esos correos de la mafia que se encargaba de cobrar las mordidas a los negocios?
—Eso tiene mala pinta —reconocí.
—Puede, pero de todas formas yo iría. —Y lo estaba diciendo toda seria. Eso me intrigó.
—¿Por qué?
—Si es un tipo importante, puede estar ofreciéndote la oportunidad de tu vida. Y si es un mafioso, más te vale no contrariarle. Como ves, en ambos casos es mejor ir. —Su lógica era buena.
—Visto así. Creo que seguiré tu consejo. —Metí la tarjeta en el bolsillo de mi pantalón.
—¿Tú de dónde has salido? —preguntó, ladeando la cabeza como un gato curioso.
—De Colorado. —Tampoco tenía que explicarle de qué zona exactamente.
—Ya decía yo. —Esa explicación no era suficiente para mí.
—¿Por qué dices eso?
—Los hombres de por aquí no son mucho de seguir consejos de una mujer, y menos si la acaban de conocer. —Ah, era eso.
—Siento no encajar en tu estereotipo.
—Yo no. —Me guiñó de nuevo el ojo y se fue a atender a una compañera que llegaba con un nuevo pedido.
¡Vaya!, la noche parecía ir mejorando. Al final, el idiota de cómo se llame había sido la pieza que necesitaba para mejorar mi noche. Lo sentía por Isaac, pero mi noche tenía mucha mejor pinta que la suya.
Tomé mi nueva cerveza y le di un buen trago. El punto de mi ceja se resintió, así que dejé de sonreír como un idiota. ¿Era un mal momento para comprobar el trabajo de mi cita? Con mi cerveza en la mano me dirigí al baño. ¿Por qué llevármela? Porque nunca se debe dejar tu bebida sin supervisión si quieres seguir bebiendo de ella. Las Vegas o no, hay desalmados que aprovechan cualquier oportunidad para jugar contigo, y lo que fuese que metiesen en tu bebida era su manera de conseguir ventaja. No conmigo.
El reflejo del espejo me dijo que Pickles había hecho un buen trabajo. Como supuse, sabía cómo hacer estas cosas. Mi piel ha sufrido varias pasadas de aguja, y sé reconocer un buen trabajo cuando lo veo. Seguramente apenas quedaría cicatriz. Esperaba que ella fuese igual de eficiente en todo lo que hacía, porque eso aumentaba mis expectativas, y no solo estaba pensando en esa hamburguesa.
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