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    Dra. Jade

    Capítulo 24 DJ

    27/08/2025

    Leo

    Estoy tan acostumbrado a este tipo de situaciones límite, que ni siquiera me planteé el preguntar qué había ocurrido. La vida real no es como en las películas, no existen apocalipsis zombis ni invasiones alienígenas. Para que las urgencias de varios hospitales se colapsen solo es necesario unas placas de hielo en la autopista en hora punta, o la explosión de una tubería de gas cerca de un transformador dañado en una zona de edificios de varios pisos. Ambas situaciones podían acabar con docenas de heridos graves. Demasiados para que un único hospital pueda asumirlos.

    Pero lo que me encontré en el helipuerto del hospital no fueron heridos de ese tipo, sino de los que esperas en zona de guerra, y sé de lo que hablo.  Uno detrás de otro, tres hombres aparecieron con heridas de bala. Dos de ellos en estado crítico. Pensé que había ocurrido un tiroteo, pero lo de entre bandas quedó descartado cuando me di cuenta de sus uniformes. Tampoco eran policías, sino que parecían pertenecer a alguna empresa de seguridad. ¿Serían el equipo que protegía algún furgón blindado? En una zona de casino como lo es Las Vegas no sería algo de extrañar.

    La cuestión es que algunos detalles me chirriaron en la cabeza porque… Bueno, será mejor que lo explique cómo ocurrió.

    En el helicóptero en el que nos estaban acercando al Altare, Pamina señaló la pista de aterrizaje cuando quedaban apenas 10 metros para tomar tierra.

    —En cuanto tomemos tierra, sal corriendo hacia la puerta de acceso a los ascensores, y espera allí hasta que el siguiente helicóptero tome tierra. —Su dedo señaló hacia un punto a nuestra derecha, donde podían apreciarse las luces de señalización del vehículo aéreo.

    Vale, lo entendía, era necesario ponerse a cubierto lo antes posible para despejar la superficie y que el otro transporte tomase tierra y pudiésemos hacernos cargo de su carga. Había hecho algo parecido una vez, pero costó luchar contra el viento que generaban las hélices. No quería ni pensar en lo que ocurriría si no podía alcanzar la zona de protección y el viento me lanzaba fuera de la azotea. La caída sería mortal.

    Una vez fuera, los tres corrimos hacia la pared de protección. Antes de alcanzarla, el viento nos lanzó contra ella. Nuestro transporte estaba abandonando la plataforma, dejándola libre para el siguiente.

    —Voy a preparar el quirófano. —Como alguien acostumbrado a saber lo que hay que hacer, Jade se dispuso a bajar en el ascensor. El viento de las hélices hizo tambalear mi cuerpo, pero la pared detrás de nosotros nos mantuvo firmes durante el aterrizaje de la segunda aeronave.

    Antes de que la puerta del segundo helicóptero se abriera, Pamina ya estaba allí. Aferró la camilla, para tirar de ella. Nadie diría que hacía menos de 15 minutos estaba tomando un chupito de Vodka.

    Corrí para ayudarla, tirando de la otra asa para sacar al herido de la nave. Mientras lo hacía, pude notar como se aproximaba otro helicóptero. No teníamos demasiado tiempo para volver a repetir toda la maniobra.

    —Estoy aquí, Jonathan. Todo va a salir bien. —Parecía que lo conocía.

    Tiramos de la camilla hacia la puerta, donde ya se encontraba un segundo equipo para recibir al siguiente herido. Esto era coordinación y recursos.

    El ascensor tenía las puertas abiertas cuando lo alcanzamos. Bajamos directos al quirófano, mientras Pamina examinaba las heridas con rapidez y ojo experto. Podía apreciar lo mismo que ella, que eran brutales. Al pobre Jonathan le habían decorado el estómago con cuatro agujeros bien grandes. Estaba perdiendo mucha sangre, pero no podía decir si los proyectiles habían alcanzado alguna arteria o dañado algún órgano importante. Los riñones, el hígado, el páncreas… Todo dependía de la trayectoria de entrada de las balas.

    En fin, no voy a aburriros con temas médicos. De como fue la intervención, de las horas que dedicamos a recomponer a los chicos, ni del diagnóstico que no queríamos dar. Pamina hizo un excelente trabajo, los heridos sobrevirarían con el menor número de secuelas posibles. Yo solo ayudé en lo que pude, que dada mi experiencia en situaciones complicadas, y según la opinión de Pamina, fue una ayuda inestimable.

    El caso, es que me preparé para hacer todo el papeleo de admisión y gestión, lo que menos le gusta a un médico, pero me encontré con algunas trabas que no esperaba. Por ejemplo, no se podía dar aviso a las autoridades de que habíamos recibido a esos heridos de bala, y eso rompía el protocolo establecido.

    —Esto no funciona así. —Pamina estaba sobre mi hombro, cuando me apartó de la terminal.

    —¿Qué no funciona así? —Ella soltó un pesado suspiro ante mi pregunta.

    —Jonathan y los otros hombres pertenecen a los equipos de seguridad de las empresas Vasiliev. Cuando les hieren no se avisa a la policía. —Eso me confundía.

    —¿Cómo gestionarán entonces la denuncia? Los que les han disparado seguirán libres. —le recordé.

    —No van a escapar. —La voz de Viktor me hizo girar hacia él. A su lado estaba Nick, mi padre biológico. El rostro de ambos estaba endurecido, serio, frío.

    —Pero… —Una inclinación de su cabeza me hizo acompañarlos hacia una sala con puerta.

    Nick entró el último, por eso fue él quien cerró la puerta.

    —Te dije que llegaría el momento en que te contaría algunas cosas de la familia. —No necesitaba preguntar, este era ESE momento.

    —¿Y bien? —esperé a que cualquiera de los dos me respondiese, pero me centré en Viktor.

    —¿Conoces los orígenes de Las Vegas?

    —No estoy muy puesto en historia si es a lo que te refieres. —Crucé los brazos sobre el pecho.

    —La mafia controlaba todo, los casinos, los hoteles… Nuestra familia no es que fuera de las primeras en llegar, pero sí es la que ha estado en lo alto de la pirámide desde hace más de medio siglo. —Mis ojos se abrieron como platos.

    —¿Estás diciendo que…? —No me atrevía a decirlo en voz alta.

    —Digamos que la mafia ya no es lo mismo de entonces, y que nuestros negocios son tan legales como pueden serlo los de cualquier otro aquí. Pero hay algunas pequeñas costumbres que seguimos manteniendo, y que no tenemos intención de cambiar. —aseguró Nick.

    —Lo que tu padre quiere decir, es que nos vamos a encargar personalmente de encontrar a las personas que han hecho esto, y van a pagar por ello. Tenemos los recursos, tenemos los medios, y no vamos a esperar a que la policía o la justicia actúen. Son lentos, blandos y están condicionados por lo que la ley les permite hacer. Nosotros no tenemos por qué someternos a eso. Vamos a cazar a esos hijos de puta, y van a pagar por lo que han hecho. —El frío tono de Viktor auguraba una manera sangrienta de llevar a cabo su propia justicia.

    —En esta ciudad todo el mundo sabe que si atacas a la familia Vasiliev, estás firmando tu sentencia de muerte. Y un empleado nuestro, es parte de la familia. Quien se haya atrevido a disparar a nuestros hombres va a pagar por ello. —Tragué saliva, como si me pusiera en la piel de esa persona.

    —Esta es vuestra forma de hacer justicia. —No era una pregunta.

    —Puedes llamarlo así. Nosotros lo entendemos como una manera de proteger a la familia. —aseguró Viktor.

    —Y si lo ves por el lado económico, le estamos ahorrando un buen dinero al estado. Nada de investigación policial, nada de juicios y nada de cárceles donde encerrar a esa escoria. —El tono de Nick me decía que estaba completamente de acuerdo con lo que iban a hacer.

    —¿Y si yo no lo veo de la misma manera? —pregunté tentativamente. Cuando Viktor y Nick se miraron, por un momento sentí que mi vida estaba en peligro.

    —Nosotros cuidamos de la familia, de toda la familia. No escatimamos ningún medio para hacerlo. —Viktor sabía cómo hacer temblar a un hombre con aquella manera de decir las cosas sin decirlas.

    —¿Me matarías? —¡Joder!, ¿cómo me atreví a preguntar eso. Viktor puso los ojos en blanco antes de contestar.

    —¡Por Dios!, eres de la familia. Si no quieres formar parte de esto, solo tenemos que mantenerte lejos. No sería difícil boicotear todos los intentos que hagas de informar a las autoridades, o de obtener pruebas incriminatorias. Llevamos en este juego mucho tiempo, y solo han encarcelado a un miembro de la familia. —Aquellas palabras parecían dolerle a Viktor. ¿Sentiría que había fracasado en su cometido de proteger a la familia?

    —Así que, sencillamente me mantendríais al margen. —pregunté.

    —La cuestión es otra, sabiendo que tu mujer es parte activa de la familia, ¿serías capaz de vivir con una persona así? —Viktor se había inclinado hacia mí, con los ojos entrecerrados. ¡Mierda!, Jade. Ella formaba parte de todo esto, y lo aceptaba.

    Medité seriamente esa pregunta. Me gustaba Jade, todas y cada una de sus facetas. Estaba enamorado de la médica comprometida con su trabajo, de la mujer sensible, de la chica segura de si misma, de la mujer fuerte e intrépida. Y ahora entendía que aquella parte secreta de ella tampoco me repelía, es más, me atraía mucho más. ¡Diablos!, estaba perdido, y no me arrepentía de ello.

    —Nada va a alejarme de Jade, y tampoco voy a mantenerme al margen. Soy médico, hice un juramente en su momento. Si se me necesita para salvarle la vida a alguien, lo haré. Si me prometéis que no habrá inocentes que paguen por mis actos, yo no haré preguntas. —Viktor sonrió.

    —Bienvenido a la familia, Alfred. —¿Qué mierda…?

    —No le hagas caso, se cree Batman. —Nick sonrió, como si el que Viktor me hubiese puesto el nombre del mayordomo del hombre murciélago fuese divertido. ¿En serio el mayordomo?

    —Puede que algún día tenga que coseros algunos puntos, pero no pienso ser Alfred. —Nada como dejarles claro que yo no les haría el desayuno ni pasaría la escoba. Mayordomo, puf. Si Viktor era Batman, mi chica sería Batgirl y yo… y yo… Vale, mejor les dejaría lo de pelear a ellos, son los profesionales. Yo me quedaría con la parte que no sale en los cómics, que es cuando un médico remienda a los superhéroes.

    1 Comment
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    1 Comment

  • Reply Ana 28/08/2025 at 02:57

    Jaja pobre Leo, ya esta integrado a la familia

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